Friday, March 11, 2011

Serpiente de cascabel

Querido Santiago: Terminé de leer tu novela "Caravana", que me dejó una sensación de dulce triunfo en la boca.
Como en toda batalla, hay un momento en que parece todo perdido. Al inicio el libro describe un momento de desolación, donde Cascabel (el personaje - mito) está en un momento de abandono, de desorientación, como un tobogán que baja en círculos hacia una oscuridad húmeda, sin apuntar claramente a ninguna parte. Pero todo conduce a una salida de este momento oscuro, y pronto Cascabel llega a un punto en que las piezas comenzaron a encajar y tomar una forma precisa.
Y todo gracias a la cocaina.
La cocaina hace que todos los personajes se humanicen. Dejan de ser seres mágicos salidos de un crisol mestizo celestial y se transforman en personas de carne y hueso, con sentimientos, con proyectos y con ambiciones. Aunque aún así, hasta la última página del libro, me parecerieron todos algo fuera de la realidad, con poco de pasado y menos de futuro, y sobre todo relacionados entre ellos en una clave fija, como si la amistad que los une fuera algo definido desde siempre y para siempre, con formas de interactuar que no cambian nunca, ni en el tiempo ni en el lugar. Una perfecta armonía que a mi, dentro del sabor del triunfo, me parece mágica pero también un poco sospechosa.
Parece que les hubieras dado la libertad para hacer lo que quisieran, sin darles explicaciones a nadie. Y eso es un gran triunfo, porque lo logras con honestidad y sobre todo creando un mundo creible. Requiere algo de complicidad con el lector para que crea que efectivamente cuatro tipos pueden cruzar el continente haciendo las locuras más absurdas sin que nadie los tilde de locos, o sin que nadie se ponga en su camino, o les impida salirse tan brutalmente de esta realidad que tú y yo vivimos todos los días, con monedas en nuestros bolsillos, con calendarios y boletas de fin de mes.
De acuerdo, aceptemos que las realidades son construidas y que el único continente que te ofrece la posibilidad de construir la tuya propia, de cambiarle impunemente el nombre a los lugares y a las cosas, de intervenir la realidad creando una nueva, es América Latina. Lo acepto. Pero si en algo tengo que discrepar es que en nuestro contienente todos esos intentos no son triunfos como en la experiencia de la caravana, sino que siempre terminan por ser expediciones trágicas, abatidas a golpes por el sistema intolerante, por el peso de la noche, por las instituciones que blanden sus leyes como espadas para cortarle la cabeza al que se le ocurra crear estados dentro del estado.
Me da pena el hecho de que la provocación constante de la caravana por crear una realidad propia, un mundo en una isla, que toda esta revolución testimonial haya sido destruida por un accidente contra un barco, en vez de ser perseguida y destruida (como seguramente el modelo latinoamericano predice) por la mano letal de la ley napoleónica. Tal vez se merecían un final más trágico, más violento, más redentor.
Me da pena porque creo que el secreto del triunfo de la novela está en el hecho de que hay una profunda honestidad en Cascabel, que creyó en las pamplinadas de sus compañeros de viajes, y se enamoró de la mujer más fatal que seguramente podía encontrar. Cómo se hace para enamorarse de una cocainómana, arrogante, promiscua, bipolar, engreida, vanidosa, por muy bella que sea...? El amor es irracional, pero no había que exagerar tanto!
Pero vuelvo a la honestidad de Cascabel. Digo honestidad pero en realidad quiero decir "fe". Cascabel tiene fe en el grupo. Y en esa fe se le va hasta el último girón de su humanidad. Tiene fe además en que todo el sinsentido que viaja sobre el Bugatti en realidad tiene mucho más sentido que la realidad que está afuera del auto, y todo lo que va dentro de él, en cambio, tiene la potencia para iluminar la carretera-serpiente y el mundo.
Y no es casual hablar de fe, Santiago, porque hasta un ateo como yo puede ver que hay una clara lectura bíblica de la novela. Cuántas veces comparaste la carretera Panamericana con una serpiente, fuente del pecado original? Para mi, estos personajes salidos del tiempo son especies de profetas, que se encuentran casualmente en medio de la selva (símbolo del paganismo, de las creencias del mundo?), luego de un período en que Cascabel está inmerso en una ruta sin norte (las primeras 50 páginas), de confusión y de aparente abandono y derrota ante las crisis de la vida terrenal (ruptura matrimonial, soledad, vicios, etc.).
Recorrer la serpiente, la portadora del pecado es también un símbolo de la redención, un viaje hacia nuestra esencia como seres humanos libres de todo mal y desde ese punto de vista, superiores a toda moral... como Max, como Ivonne, como Jerónimo. Hay un momento de duda, cuando se descubre el saco con cocaina en la maleta, como un pecado original del cual al final del viaje tendrán que deshacerse.
Jerónimo se empina una mamadera tras otra aludiendo al regreso a la infancia y por lo tanto a los orígenes más ingenuos y más libres de pecado. Cascabel calla y observa desde lejos, porque su momento aún no ha llegado, no puede ser uno de ellos. No es sólo al final cuando Cascabel toma él también de la mamadera de Jerónimo?
La carretera es una serpiente que tiene un fin. La cabeza de esta serpiente-cascabel está en Chile, mordiendo una manzana grande y roja que se llama la ciudad de Santiago. Llena de pecado, y excesos, el templo sagrado de la anti-caravana.
El Director de spots publicitarios tortura al pobre Cascabel como el mismísmo Salvador es tentado por el demonio en el desierto! Cascabel, igual que el paradigma bíblico, logra superar la prueba y escapa de las tentaciones.
Aquí la figura redentora es naturalmente Isidora. Isidora se une al final del viaje, llevando con ella la conciencia de la salvación y dando a todo un sentido de inmanencia. Pero ella (como Jesús) también tiene que sacrificarse, y volver a Santiago, porque se acaban sus vacaciones. Ella no quiere, es un sacrificio basado en el amor más total hacia su padre pero también hacia los otros miembros de la caravana. Y los redime, para que enfrenten finalmente el desafìo de sus vidas, armados sólo de su libre albedrío.
Ya te dije que el final me parece un poco un anti-climax, tal vez yo esperaba algo más trágico, algo que hablara de la derrota de la caravana, no un accidente que los mate a todos... pero esa es sólo mi opinión. El triunfo de haber inventado esta estructura innegablemente sólida y coherente es dulce y lo precipita a uno a través de las páginas hacia el final del libro como un tobogán esta vez abierto y concreto, con el olor de los mares del sur, con la humedad de los canales magallánicos. Y finalmente con la incerteza de un mundo que sobrevive a su propia irrealidad, y que no sabemos si es el real, o es una pura invención. Pero ese mundo inventado por los miembros de esta caravana mística, está siempre ahí, como una sombra, como un umbral nunca atravesado, al alcance de la mano. A veces, en la normalidad de los días nuestros, se aparece durante segundos, como un recuerdo fugaz, pocos segundos de un día, o en las páginas de una novela, pero que sobre todo luego de leer el libro y saborear su triunfo ciego, recuerdo que está dentro de nosotros mismos, esperando eternamente que lo rescatemos y que nos llenemos la boca de su dulzor continental.

Thursday, December 17, 2009

La bella Italia

Quisiera entender qué pasa en Italia.
El gobierno dice que es víctima de la confabulación de los medios de izquierda, y que éstos apuntan sus dardos despiadadamente contra el gobierno de Berlusconi... quien sin embargo es dueño de la mayoría de las redes de televisión y controla buena parte de las redes estatales...!?!
Un loco aparece entre la masa enfervorizada de seguidores del Premier y le rompe la cara con una miniatura de souvenir del Duomo de Milán. Y aunque el agresor no tiene ninguna vinculación con grupo político alguno, el gobierno también culpa a la izquierda y a sus "terroristas de la información" de haber provocado el acto. "Responsables morales", dicen.
El Presidente de la Cámara de Diputados es del mismo partido de Berlusconi, pero a la vez es su peor enemigo, representando opiniones que son propias de los partidos de izquierda. El Presidente de la República, un antiguo comunista, interviene todos los días para llamar a la calma y defender las instituciones.
Berlusconi dice que la anomalía italiana es que hay un "partido político de los jueces (de izquierda)" que busca impedir al gobierno de gobernar.
Los partidos de izquierda dicen que la anomalía italiana es que hay un Jefe de Gobierno que por el hecho de dirigir un partido elegido por el pueblo, piensa que está exento de cualquier control de parte de los órganos del Estado...
El Jefe de Gobierno, que cuenta con el respaldo popular, tiene pesadísimas acusaciones en su contra: de mafia, de corrupción, de robo, de lavado de dinero, de uso indebido de fondos públicos, de... Lo que es peor, hay fundados elementos que hacen pensar que estas acusaciones no son hechas a la ligera. Y nada de esto afecta su popularidad.
Italia es un país desarrollado. O mejor dicho, un país desarrollado en vías del subdesarrollo. Si no fuera por la base industrial en algunas regiones (sobre todo al norte), Italia no estaría en el G-8 sino que en el G-77. Aún así sería el país más bello del mundo.
Y la mafia. Fuera de Italia se subestima el peso que tiene la mafia y el crimen organizado en el país, que si fuera considerada una empresa, sería la entidad económica más importante de Italia. Sin mencionar el hecho de que la mafia tiene una presencia en el tejido social (sobre todo al sur, pero igualmente extendido en todo el territorio) que hace casi imposible extirparla. Está en todas partes y en ninguna, porque se basa en una forma de relacionarse socialmente, en la construcción de redes de influencia y de lealtad que en algún momento termina por dedicarse a actividades ilícitas.
Como dijo uno de los poetas más importantes de la literatura italiana, en este país los representantes políticos crean programas para fomentar el bien general, pero los usan para sus beneficios privados.
"Italia es una muy buena idea", dijo otro. Un genovés es lígure antes que italiano, como dice Verdi en la ópera Simón Boccanegra. Un romano es romano antes que italiano, un veneciano es véneto antes que italiano, y la lista sigue hasta completar las 20 regiones de la península. Entonces, quién es realmente italiano? Existe la identidad italiana? Qué diablos es esto que llamamos Italia?

Wednesday, November 11, 2009

Encuesta CEP

La encuesta CEP finalmente es pública.

Qué dice? que somos conservadores y que probablemente ya estamos acostumbrados a tener a la concertación en el gobierno, que por cierto ha hecho muchas cosas buenas. Sin embargo, hay una fuerza contenida por aplicar algún castigo por todas las cosas malas que han hecho los gobiernos de la concertación. Que son muchas, pero casi todas caen en la misma categoría: El anquilosamiento de las estructuras de poder y de nombramientos, que lleva necesariamente a pensar que se gobierna por derecho propio, pecado fatal que se manifiesta a través de la arrogancia de los mandos medios y de los apitutamientos descarados que se repiten sobre la base del amiguismo y no de los méritos.
La encuesta me deja con la sensación de que la gente es como un padre justo que quiere darle a la Concertación los buenos correazos que se merece por tanta irreponsabilidad en el manejo del poder, pero no sabe cómo ni dónde, y probablemente teme que el castigo le duela más en carne propia a él que al castigado niño de centro-izquierda, tan malcriado y malacostumbrado a tener al alcance de la mano la caja de dulces de la repartija de cargos y a ser mayoría en el parlamento.
Marco Enríquez parece encarnar ese deseo de castigo desde adentro, desde la juventud ignorada. De no ser porque él mismo es un joven ignorante, sería casi una solución perfecta. Por suerte la gente no es tonta y no va a permitir que ME-O sea más que una moda.
Frei. Nuestro querido Frei, tan fome y tan estable. Esa figura como el Dios Jano de los antiguos romanos, con dos caras que miran al pasado y al futuro. Una cara de gobernante sin sorpresas y que buscará un desarrollo del país tranquilo y pausado, como un paseo de domingo por la Quinta Normal. Y al mismo tiempo de un aburrimiento insufrible. La risa es una visita extraña en su cara de tótem apache, el tiempo, las empanadas y el puré picante se han preocupado de darle una fisonomía cada vez más descuadrada, que de alguna forma lo inhiben aún más a un debate confrontacional para el que no tiene condiciones naturales.
Más allá del tema de los indultos, que forma parte de sus convicciones valóricas (por lo que de lo único de lo que se le puede acusar es de haber sido consecuente con sus principios sin importar los costos políticos que él sabía que iba a tener, cosa que es en sí algo escaso y a mi juicio loable, fin del paréntesis), creo que Frei sería un buen presidente, mucho mejor que cualquiera de los otros dos. Frei tiene madera de gobernante, un tipo calmo y con un innegable liderazgo político. Capaz de armar equipos y de sacar adelante a la Concertación para darle estabilidad a Chile sobre la base de un programa de gobierno coherente.
Pero sigue pendiente la deuda del padre castigador. De alguna forma el correazo va a caer, y a muchos tendrá que dolerle. La pregunta es cómo se va a manifestar ese castigo físico en el cuerpo policromo de la concertación. Naturalmente hay dos opciones:
La primera es que después de 20 años, la concertación pierda las elecciones. Sería un batatazo del que saldrían muchos heridos. De hecho yo personalmente no veo a la Concertación recuperada luego de una derrota electoral. No la veo como una unidad en la oposición. Sería un terremoto de realineamiento de fuerzas que probablemente nos devolvería a la política de los tres tercios, en espera de algo mejor.
La segunda opción es que Frei le prenda un candelabro a cada santo del catolicismo, viaje a La Meca y se encomiende a Buddha, y finalmente gane la elección con un suspiro de diferencia. No por nariz, ya que en su caso sería ganar por lejos. En ese caso, nuestro ex-Presidente tiene la obligación moral de pasarle la cuenta a la Concertación por todo lo que ha hecho, y por llevar a toda la centro izquierda a este punto absurdo de la historia política. Absurdo porque no sé cómo explicar que un gobierno de una coalición reciba la aprobación del 80% de las personas, y no sea capaz de traspasar esos votos a su candidato, y que además sea el centro de escándalos, corrupción, desorden en los nombramientos, mediocridad de la dirigencia, y que como si todo esto fuera poco, a las elecciones presidenciales tiene la desfachatez de llevar no un candidato para continuar "la obra" de la coalición, sino TRES candidatos que se encargan de fagocitar de las desgracias del otro.
A primera vista, la segunda opción pareciera la mejor. Sin embargo, Frei tendría que hacerlo como una iniciativa voluntaria en un gobierno de cuatro años, luego de una campaña presidencial tremendamente desgastadora. Sería una empresa difícil. Me pregunto si no sería mejor asumir la pérdida y de una vez por toda aguantar el vendaval de un gobierno de Piñera, que de una vez por todas le de la opción a la derecha de estar en el poder. Sería un escenario extraño en un Chile en que el poder económico, el de la prensa y el gobierno están en las manos de un sector político. Extraño por decir lo menos. Terrorífico por decir lo justo.
La encuesta CEP me deja con un sabor a inquietud grande. El trago amargo de un gobierno de Piñera tal vez sería el correazo que todos nos merecemos. Aunque sea corto y se acabe a los cuatro años. Pero no me resigno. A tener a la UDI en el gobierno, a tener a un presidente-empresario...
Tal vez deberíamos todos encomendarnos a los santos y a Buddha, y que nos den un poco de luz en estas tinieblas en que nos deja la encuesta CEP. Porque los ciudadanos simples y normales como yo, creo que ya no nos quedan otros recursos para confiar en que el futuro de nuestro Chile está a salvo.

Wednesday, November 04, 2009

Cuando escucho la palabra consenso, saco mi pistola!

Viendo la carrera por la presidencia de Chile, me pregunto por qué razón los candidatos muestran cada vez más una tendencia al empate. A la incapacidad de ganar por margen amplio. En Chile hay un empate casi perfecto entre Piñera por un lado, y Frei - MEO por el otro.

Me pregunto por otros casos similares en le historia reciente, por ejemplo la primera elección de Bush hijo. El presidente tejano de triste recuerdo ganó finalmente porque algunos cientos de votantes en un universo de cientos de millones decidieron votar por él. Las elecciones absurdamente estrechas no se limitan a Estados Unidos, como se sabe. Lo mismo pasó en Italia cuando Berlusconi fue derrotado luego de cinco años en el poder. Incluso en nuestro propio chilito la elección de Lagos - Lavín fue contando voto a voto.

A mi me parece que la explicación a este fenómeno es evidente, de hecho muchos lo dicen y repiten sin ninguna preocupación, como sin darse cuenta de lo que significan sus palabras. Todo se resume a que los candidatos no tienen mayores diferencias entre ellos. Lo único que los separa es la capacidad personal para llevar adeltante ese programa de gobierno que todos suscriben.

De acuerdo. Tener candidatos de acuerdo entre ellos sobre lo que son las prioridades del país es algo innegablemente bueno. Evita la inestabilidad política y ahorra tiempo en los temas más básicos de la sociedad. El extremo opuesto es Bolivia, donde (al menos hasta la elección de Evo Morales) ni siquiera ha habido acuerdo para el concepto de país. En La Paz se pone en duda incluso la viabilidad de Bolivia como unidad política, tironeada por las fuerzas centrífugas de los regionalismos y las etnias.

No obstante, a pesar de aceptar las bondades de propuestas uniformes de gobierno, surgen algunos inconvenientes que son demasiado grandes para ocultarlos.

En primer lugar, un llamado "empate técnico" entre candidatos opositores genera mayorías débiles, que generalmente son incapaces de llevar adelante las reformas y las iniciativas que se plantearon en la respectiva campaña electoral. Ahí ya no sirve de nada tener programas casi comunes con la oposición, porque igual van a torpedear las ideas del gobierno. Porque ante la ausencia de idearios distintos, el objeto del ataque es la persona.

En segundo lugar, cuando los electores no son capaces de inclinar claramente la balanza hacia uno u otro lado, sucede lo mismo: ante la falta de programas de gobierno que se puedan distinguir unos de otros, la gente vota por la sonrisa que le gusta más, por la persona que habla mejor (sin importar mucho de qué hable).

Y por esa razón las elecciones se ganan por estechísimos márgenes, siguiendo más bien las leyes de la estadística. Si en una superficie tienes dos concavidades más o menos igual de profundas, y dejas caer pelotitas al azar, entonces se van a distribuir bastante uniformemente. Es lo que dice la estadística y es lo que pasa en la práctica en todas las elecciones que he mencionado.

Lo que a mi me molesta es que los candidatos, prisioneros de la ambición por conquistar el poder político, no se atrevan a ser distintos, o dicho de otra forma, no se atrevan a mostrar que efectivamente son distintos unos de otros. En cambio se quedan en esta maraña de lugares comunes y frases que no significan mucho y que los electores tenemos que soportar día a día en medio de esta campaña electoral.

Yo sé que Piñera, Frei y MEO son distintos entre sí. Sin embargo, si me ajusto a lo que ellos proyectan, veo que nos aproximamos a un empate técnico que nos va a dar un gobierno débil y gastado desde el comienzo. Ojalá los candidatos discreparan un poco más. Creo que a estas alturas sería la única forma de salvar ese bendito animal que tanto nos ha dado: el consensus chilensis.

Tuesday, November 03, 2009

No más acciones, queremos palabras

En estos tiempos donde campea la ley del más apitutado y donde gobernar se ha transformado en sinónimo de la búsqueda del poder por el poder, yo me pregunto: no será tiempo de volver a pensar como lo hacían los antiguos, cuando la falta de transparencia en la toma de decisiones estaba contrapesada no por un sistema de "concursos" y de "licitaciones" sino por otros conceptos, como la ética y el respeto a los principios?

Alguien por ahí decia que lo ético y lo estético eran dos caras de la misma medalla. La etimología dice otra cosa, en realidad son palabras que no están emparentadas. Pero como una unión de amigos, son (o deberían ser) una alianza poderosa. Lo ético es estético, y viceversa. En otras palabras, hacer lo correcto no sólo es justo, sino que también es bello.

No puedo dejar de pensar que ciudadanos como yo desencantados de los asuntos públicos de Chile necesitamos sentir que no sólo tenemos un gobierno eficiente, sino también un gobierno que ofrece una visión hermosa del futuro de Chile. Que no se deja doblegar por las conveniencias de lo inmediato para sacrificar lo correcto. Todos dan por asumido que hacer un buen gobierno es el medio para ganar una elección y acceder al poder, o bien para mantenerlo. Qué feo.

Pero cierto. Cualquiera que haya tenido la suerte y el privilegio de presenciar el triste espectáculo de escuchar a los políticos fuera de las cámaras, se da cuenta de que sus motivaciones no tienen nada que ver con la ética, sino simplemente con una ambición de poder y con un egocentrismo patológico. Los discursos, las peroratas en el parlamento y las frases hechas que disparan a través de los micrófonos de la prensa no son más que medios para cosechar aplausos fáciles y para demostrar (o aparentar) inteligencia y liderazgo.

"Los invito a soñar", le he escuchado decir a más de uno. Para seguir con una catarata de lugares comunes y sin ninguna originalidad vuelven a plantear ideas de corto vuelo. Suficiente para ganar la elección del mes que sigue.

Tal vez podríamos hacer una terapia de grupo con los políticos. Por ejemplo, hay un juego para cuando uno está muy aburrido, que se llama "poesía magnética", y consiste en hacer frases con palabras sueltas, cada una en plaquitas magnéticas que se pueden ordenar como uno quiera. Se puede unir por ejemplo "viento" con "madrugada". Por supuesto sale algo poco original, pero indudablemente bello.

El mismo juego se podría hacer con el tema del futuro de Chile, en vez de la poesía. Pero qué palabras tendrían que estar en las plaquitas magnéticas?

Propongo las siguientes: País - Multicultural - Bosques - Cordillera - Jóvenes - Crecimiento - Medio ambiente - Futuro - Energía - Campos - Ciudades - Puertos - Internacional - Idiomas - Salud - Hospitales - Escuelas - Recursos del Mar - Sociedad del Conocimiento - Distribución del Ingreso - Impuestos - Centrales Nucleares - Prioridades.

En palabras del viejo Hesíodo, estamos en una edad del hierro. Porque los candidatos no dan la talla de ninguna de estas palabras. Ni menos de los verbos que las debieran unir en un discurso que ilumine y que inspire, que nos haga creer que hay algo más allá de las alianzas del momento y de las ideas básicas que se usan como escudo para esconder el hambre de poder por el poder.

No more cars

He llegado a la conclusión que los autos son tremendamente perjudiciales para todos nosotros los seres humanos.
Los amantes de mascotas lo deberían saber. Cuando uno tiene un gato, tiene que comprar una serie de cosas que hacen que el peludo amigo se sienta a gusto: un lugar para el baño, arena para el baño (que debe ser removida para asegurar un ambiente limpio), comida para gato, un lugar para dormir (ojalá lejos del baño), agua fresca, pelotitas para jugar, etc. Es decir, cosas que hacen que un gato sea un gato. Cosas que lo definen en su naturaleza.
Qué tiene que ver esto con los autos? mucho. Porque mi conclusión después de mucho pensar en el tema es que los autos no forman parte de nuestra naturaleza como humanos. Si los humanos fueramos mascotas de otros seres más fuertes e inteligentes que nosotros, nuestros amos no pensarían siquiera en comprarnos un auto para que podamos expresar nuestra condición humana.
Afrotemos la realidad: los autos no son necesarios. La ropa es necesaria. Una casa es necesaria. Comer bien es necesario. Cultivar los gustos, aprender cosas nuevas, tener amistades. Esas son cosas necesarias.
Por supuesto que el agricultor que tiene su cosecha lista para ser llevada al mercado necesita un camión o algún medio de transporte eficiente para hacerlo. Y los niños que son llevados en el bus escolar todas las mañanas es también un movimiento de personas que requiere de algún medio de movimiento. Tal vez debería ser más específico: el auto de uso personal es innecesario. El manejar todos los días a la oficina por ejemplo es algo que hace un tremendo daño a la ciudad y por añadidura a todos.
No voy a referirme a los accidentes, que ya son una razón importante para evitar los autos particulares, ni tampoco a los atochamientos y al ruido que generan, al stress que significan, al costo de mantención, y muchos otros problemas que son inherentes al automóvil.
El auto tiene otros costos asociados que son mucho, mucho más graves. El auto nos impone un estilo de salud que a la larga es pobre. La gente ya se ha olvidado que la forma más natural de moverse de un lugar a otro es caminando, que si se asume como costumbre, es la mejor forma para mantenerse en un peso normal. Es algo evidente, pero las personas no parecen darse cuenta: el auto engorda.
La contribución del auto a la contaminación atmosférica es más reconocido, pero no por eso menos grave. El auto está en la base de la llamada "economía del petroleo", que ha sido la causante de la situación actual de gases con efecto invernadero, exceso de CO2 en la atmósfera y una contribución muy significativa al cambio climático. Y mientras esto sigue ocurriendo, seguimos usando el auto para todos nuestros movimientos.
La economía del petróleo por otra parte, tiene sus días contados. Yo espero verla desaparecer antes de desaparecer yo. En un horizonte de 30 o 40 años, los medios de energía con los que movemos las máquinas que a su vez nos mueven a nosotros, deberán ser reemplazados con otros que (todos tenemos la fé) sean más eficientes y más duraderos. Pero por ahora, tenemos que resignarnos a vivir en este mundo petrolizado y cuyas consecuencias son cosas tan cuestionables como las guerras de Irak, el ascenso del mundo árabe (rico en petroleo), Hugo Chávez, el cambio climático, por nombrar algunos.
Pero el petróleo se va a acabar, y muy pronto. Puede que se descubran otros yacimientos, pero es sólo una postergación de algo inevitable. Más aún si como indican las proyecciones, las demandas de energía son cada vez mayores, y los países se encuentran en dificultad para satisfacerla.
Y el auto? El auto como lo conocemos hoy también va a pasar a la historia. Es algo inevitable. Tal vez en el futuro no muy lejano se inventen nuevos tipos de autos, que funcionen con energía más limpia. Eso ya sería un avance. Pero dejaría sin solución un problema que afecta a muchas ciudades del mundo: ya no hay donde meter más autos de uso personal.
Roma es una ciudad bella, todos lo saben. Pero basta con salir del Foro Romano para encontrarse con calles atochadas de vehículos personales, y los autos estacionados construyen una fila perenne a lo largo de las veredas. Autos en doble fila, autos interrumpiendo el paso de peatones, autos por todas partes. Roma es un caso extremo. Pero es un vistazo a un futuro que nos espera en pocos años más, considerando que (crisis económica superada) más y más personas tendrán acceso a comprarse un auto de uso personal.
El auto tiene sus días contados. No es viable su crecimiento como bien de consumo en nuestras sociedades industrializadas y masificadas.
Entonces, si el destino está ya tan marcado, por qué no acelerar su desaparición?
Propongo el siguiente plan de acción:
1. No renovar nuestros autos. Cuando el auto de uso personal esté viejo, entregarlo a la chatarra y no comprar otro.
2. Convencer a todos nuestros amigos de lo anterior.
3. Iniciar una campaña internacional para que los gobiernos inviertan en sistemas de transporte público bueno, barato y eficiente. Sobretodo en trenes subterráneos, que son silenciosos y no afectan el espacio público en la superficie.
4. Construir más ciclovías y establecer incentivos estatales a la compra de bicicletas.
5. Obligar a los supermercados a tener servicios de envío a domicilio de las mercaderías. Algunos camiones de supermercados por las calles serían sólo un mal necesario (recordar que se trata de eliminar los autos de uso personal, no los de beneficio colectivo).
Yo invito a todos a sumarse a esta campaña.
Estoy seguro que nos hará más limpios, más saludables. Y más humanos.

Monday, November 02, 2009

Dolor en el parque

Luego de la maratón, de vuelta en el hotel, sentí frío. Sentí que mi cuerpo había quemado todas sus reservas de energía y que ahora era como una chimenea agotada, con cenizas inertes, sin nada más que quemar. Me di una ducha larga, tibia, que sin embargo no logró despertar los músculos de las piernas, que en pequeñas dosis anunciaban un dolor que me haría caminar con dificultad los días sucesivos.
Me vestí abrigado pensando en salir a caminar un poco por las calles de Amsterdam. De acuerdo a lo que había leido, es recomendable moverse luego de terminada una maratón, de tal forma que no sea tan brutal la diferencia entre el esfuerzo físico y el reposo.
Sin embargo, estaba brutalmente cansado. No en vano había corrido 42 km, una distancia que cabe expresar en cuatro caracteres, pero cuyas reales dimensiones desafían la imaginación de quien no lo ha hecho a pie, o corriendo.
Hasta la fecha yo había corrido sólo medias maratones. Una distancia (21km) que se me hacía larga, pero no imposible. Si el día está despejado y hay una buena temperatura, se puede considerar incluso un paseo agradable que tiene un inicio, un parte media y un final esforzado para conseguir un buen tiempo.
La maratón en cambio es otro cuento. No es el equivalente a dos medias maratones. Es más bien como una novela de 800 páginas con muchas historias dentro de la gran narración. Yo, como corredor aficionado, no puedo decir que la maratón que yo hice haya tenido un inicio, un desarrollo intermedio y un final.
En la habitación del hotel, tendido en la cama y vestido con ropas abrigadas para salir, pero ya entregándome a un sueño obligado, sentía como me caían en la memoria momentos del recorrido, sobre todo en los últimos 10km, cuando sentí que las piernas se negaban a seguir adelante.
Pensé también en el momento en que crucé el punto intermedio, y me di cuenta que cada paso que daba a partir de ese punto era un nuevo "record de distancia", una extensión que nunca antes había hecho en mi vida.
Hasta ese punto esta maratón fue como muchas otras carreras que he hecho. Los primeros kms me sentí bastante bien, e incluso consideré la posibilidad de hacer un tiempo más que aceptable, por debajo de las cuatro horas. En algún momento en torno al kilómetro 15 me encontré con los "conejos" de las cuatro horas, o sea, atletas que llevan globos que dicen "4:00" y que son los líderes del grupo de corredores que van por esa meta. Ellos me pasaron, con lo que deduzco que mi primer error fue partir demasiado rápido. Traté de seguirlos, pero en el km 18 me di cuenta de que mis fuerzas no me lo permitían, y que si empujaba demasiado para mantener el ritmo no terminaría la maratón.
A ese punto el recorrido nos sacó del centro de Amsterdam y nos llevó a un lugar bellísimo por las orillas del rio Amstel. Creo que fue el escenario más agradable de toda la carrera. Todo estaba ahí: el molino de viento (hecho rigurosamente de madera, lo que le daba además un aspecto de reliquia histórica), los tulipanes, los patos nadando en el río, las colinas suaves y ondulantes de un verde otoñal.
Al aproximarme a la mitad de la carrera, y con los conejos de las 4 horas ya fuera de mi rango de vista, comenzaron definitivamente las incomodidades musculares.
Recuerdo que en el liceo las pruebas de resistencia no superaban la media hora, y que aún considerando que a los 17 años uno debiera estar predispuesto a superar con éxito este tipo de pruebas, yo no tenía la condición física suficiente. En el kilómetro 23, imbuido en este tipo de pensamientos, me pregunté si lo que estaba haciendo ahora, cuando tengo más del doble de esa edad liceana, no sería una locura de la que tendría la oportunidad de arrepentirme.

"Yo soy un aficionado a correr, y nunca he pretendido ser más que eso", me respondía mientras miraba el reloj y veía que el cronómetro corría inclemente, también marcando tiempos a los que él nunca antes había llegado. Seguramente Abebe Bikila le daría una gran depresión si estuviera corriendo tan lento como yo, pero yo no soy él ni tampoco hago esto por ganarme la vida, sino como diversión. Pasarlo bien también es parte de la satisfacción, no sólo romperme las piernas para llegar a la meta con un tiempo decente.
En el kilómetro 30 recordé cuando había comenzado a correr con regularidad, en las frías calles de Wellington, hace diez años. En ese tiempo mi circuito era de sólo 3 kilómetros, que (admito) terminaba con dificultad. Desconocía todo sobre zapatillas de corredor o de técnicas de respiración. Volví a Santiago y corrí por Ñuñoa asiduamente, un recorrido de 5km seguido de una hora de gimnasio. Es tal vez la única vez en mi vida que realmente he entrenado bien, mezclando resistencia y potenciamiento muscular. Recordé que interrumpí esa preparación luego de llegado a Italia.
Y lo recordé con dolor. Un dolor que comenzaba en la cintura y se extendía como una cascada de espinas por las caderas y las piernas. Llegué al kilómetro 32 a la parte menos turística del recorrido por Amsterdam. Un sector industrial de avenidas anchas, ausente de grupos de apoyo que dieran ánimo a los solitarios corredores. Y donde todo lo que se escucha son los pasos de los otros atletas. Las zapatillas de cientos de personas sobre el asfalto, cada uno en su propio empeño. Y sus quejidos de esfuerzo.
Decidí no hacerme el valiente y pare varias veces a elongar. Debo haber tenido una expresión de mucho dolor, porque en una de esas un tipo que iba pasando me preguntó en inglés si estaba bien, y después me ofreció una galleta de un paquete del que él estaba comiendo. Decliné la oferta de galletas, y me puse de nuevo en marcha.
Hasta ese momento había reinado un clima agradable, con bastante sol y con temperaturas ideales para correr, en torno a los 15°. Sin embargo, cuando mi cansado cronómetro marcaba más de tres horas y media, y con aún diez kilómetros por delante, el cielo comenzó a nublarse y la temperatura comenzó a caer.
Tendido en la cama del hotel, y ya recuperando el calor que me invitaba a abandonarme al sueño, recordé los últimos kilómetros. Mucho se habla de la "muralla" de los 30 km, como un límite que algunos no pueden superar. Como si la condición humana no permitiera ir más allá, y sólo un entrenamiento constante pudiera superar esa pared que nos impone nuestra naturaleza.
Para mi en cambio fue más bien como una lenta agonía, que fue haciéndose más lenta a medida que me aproximada a la meta en el estadio olímpico de Amsterdam. Los últimos kilómetros son una prueba de orgullo, fortaleza y capacidad de seguir adelante. En el kilómetro 38 se entra en una zona bellísima, en el VondelPark, que es un parque tan bien cuidado que es realmente un lugar ideal para correr. Pero yo estaba a punto de caer de cansancio, las piernas no me respondían y tenía que parar cada 800 metros para elongar. Ya ni siquiera traspiraba. Estaba como detenido en el tiempo, como luchando contra una corriente en un río que me empujaba hacia atrás todo el tiempo. Esa fue mi "muralla". En un momento sentí el miedo de no ser capaz de terminar la maratón. Pero el miedo se disipó rápidamente cuando pensé que sólo me quedaban algunos kilómetros, y sobre todo pensando en todo lo que ya había corrido, que después de 38 kms no podía abandonar.
Empujé a través del parque con lo poco que me quedaba de elasticidad muscular. Las piernas no me permitían dar grandes zancadas, así que avancé a un paso lentísimo hasta salir del parque y enfrentar los últimos 1500 metros. Ya era un terreno conocido. Podía adivinar dónde estaba el estadio y me di cuenta de que ya quedaba muy poco, y amaneció en mi la seguridad de que iba a terminar la maratón, de que había un fin a esta agonía.
Miré el reloj. Marcaba cuatro horas y treinta y cinco minutos. Me propuse terminar con cierta dignidad y cruzar la meta corriendo, aunque fuera a un paso lento, casi como una caminata rápida. Lento, muy lento. Luego mirando la excelente información que proporciona la organización de la Maratón, pude ver que esos últimos pasos los hice en el tiempo más lento en que he corrido jamás: 18 minutos para dos kilómetros.
En ese momento no me importó ni me di cuenta. Porque realmente iba lo más rápido que podía, y porque no me quedaban más fuerzas para dejar en el asfalto que pisaba. Un pie delante del otro. Y así sucesivamente.
De pronto, el estadio apareció frente a mi. Entré con ese ritmo lento pero constante, y corrí los últimos 200 metros con un gran dolor que me apretaba la cintura y las piernas.
Crucé la meta luego de cuatro horas y cuarenta y seis minutos de esfuerzo, con un cansancio profundo que finalmente desahogué con los brazos arriba, y con ganas de llorar de la emoción de haber hecho lo que hice, correr una maratón, una distancia absurda, con murallas sicológicas que hacen a muchos abandonar la carrera, de un temor genético a ir más allá de las propias capacidades. Mentiría di dijera que nunca tuve miedo. Porque lo tuve. Sin embargo, yo estuve ahí, traté de hacerlo y bien o mal, lento o rápido, lo hice.
Con ese nudo en la garganta, y rindiéndome finalmente al cansancio dulce, me quedé dormido.

Friday, August 21, 2009

Mi vida como escritor

Uno puede escribir una frase, una lista de supermercado, un poema incluso, pero eso no lo convierte en escritor. Parece que hay un umbral mágico que se cruza en un momento que nadie puede realmente situar con exactitud, y que transforma la costrumbre de escribir en una actividad que termina por definir al que la hace. Un escritor escribe. Publica sus libros y escritos? no necesariamente, aunque ayuda, porque la definición de un escritor es al fin social, propiedad de los pares, que dicen "ése es un escritor". Ni siquiera tiene que ser tan prolífico, también se puede escribir poco e incluso muy poco, como Juan Rulfo, que con dos libritos como obra completa ocupa un lugar destacado en la literatura contemporanea. Por lo que se ve en las librerías y en los títulos de superventa, tampoco se necesita ser tan inteligente para ser (considerado) escritor.
Yo por ejemplo no lo soy. Soy el no-escritor que escribe este blog. Soy el no-escritor que escribe informes. Soy el no-escritor que escribe canciones y algunas veces poemas. Y cuando pienso en qué me falta para sentir que soy un escritor, me doy cuenta que la respuesta es relativamente sencilla: no soy escritor porque no defino mi vida en torno a la actividad de escribir. Mi bien admirado Roberto Bolaño hizo muchas cosas en su vida. Pero poca duda cabe de que hasta en sus actividades más excéntricas y humillantes, nunca dejó de pensar que el centro de su vida era la literatura, la poesía en un comienzo y la novela después, pero el enfrentamiento con la hoja en blanco era el ring en donde siempre se batió a duelo con su posteridad, el esgrima de su legado que hoy podemos leer y releer con regocijo.
Pero yo no. Yo soy un no-escritor de recreo, de lecturas de autobus y de cortejos efímeros con historias que nunca llegan a llenar páginas, o que si llegan a plasmarse en tinta y celulosa, lo hacen en papeles sueltos, que se pierden en el tiempo, en las mudanzas, coladas en la basura o material para anotar un número de teléfono de alguien a quien ya olvidé. Nada se ha perdido verdaderamente. Porque si hubiera llevado una idea a buen fin, con la palabra FIN en el fin, estoy seguro que lo habría guardado en un lugar fresco y seco, cobijado de los accidentes de la vida de todos los días y se lo habría enseñado a alguien especial en un momento en que quisiera abrirme y mostrar mi mejor perfil, una gracia oculta en la superficie.
Y a pesar de todo, en el fondo lamento no poder recuperar, esas obras incompletas, que son fogonazos de lo que pude hacer con un poco más de tenacidad y dedicación. De alguna forma esa vida paralela que nunca fue me ha acompañado toda la vida, como una sombra que nunca se materializa, como la "negra espalda del tiempo", que no es ni será nunca, pero que siempre está en el borde de lo que podría haber sido. Ese yo que no soy yo debe aceptar que los retazos de escritura que he producido en mi vida se han perdido para siempre.
Porque en el fondo creo que me habría gustado ser escritor. Vivir de historias inventadas, escritas a las 10am con un café y sin otro requisito que quedar conforme con uno mismo. Las historias están por todas partes, y sería cosa de salir a atraparlas y almacenarlas como una estantería de cosas bellamente inútiles.
Y algún intento hice, aunque en el momento no me daba cuenta de que se trataba de algo que, de haber persistido como oficio y no sólo como pasatiempo, podría haber marcado el camino hacia un oficio, hacia una forma de ganarse la vida, hacia una forma de vida tan distinta a la que finalmente tengo. Recuerdo que cuando tenía once o doce años escribí una historia que trataba de imitar las novelas de aventura que entonces podría haber leído. Un amigo, de quien tengo un vaguísimo recuerdo, me seguía los talones y escribía su propia historia de aventuras. También es muy posible que yo lo hubiera imitado a él, y no al revés como preferiría mi ego. Mi historia era sobre un hombre común y corriente que viajaba en tren, peleaba, y se movía de un lado a otro siguiendo las joyas de una corona, muy al estilo de los tres mosqueteros, cuya existencia yo conocía a través de los cómics que había en mi casa. La historia como resultado era un ramillete de ideas y lugares comunes que no hacían sino hacer mi debut literario como un esfuerzo que más bien valía la pena olvidar, y menos mal que así fue, ya que las cuartillas se perdieron para siempre luego de todos estos años.
Luego con el tiempo tuve muchos otros intentos por colarme a la mala entre los escritores que merecían ser tomados por tales. Mi falta de claridad en las historias y mi abusivo uso de los adjetivos unido a mi admiración por los paisajes y la belleza de la naturaleza, me empujaron constantemente hacia la prosa poética, donde dije muchas cosas y nada al mismo tiempo. mis ideas se hicieron un poco más elaboradas, y pensé que tenía entre manos una historia buena para escribir. Incluso ideé algunas historias que podrían eventualmente haberse transformado en cuentos. Se quedaron (qué sorpresa!) en la caja de lo no realizado, y que como idea no ha desaparecido, pero que por su estrecha unión con un tiempo de mi vida del cual no queda nada, las condena a seguir siendo eso, ideas que no tuvieron desarrollo y que han quedado condenadas como un zancudos prehistóricos en el ámbar del tiempo.
De esas ideas recuerdo pocas. Pero una sí la recuerdo. Creo que no escribí más de una página, luego de lo cual caí de bruces con las zancadillas de los lugares comunes (los matones de siempre de mi barrio literario), y me retiré humilládo del cuadrilátero de papel con la autoestima astillada como la punta de mi lápiz bic.
Resumirla aquí es trivial, pero sirve de ilustración: Se trataba de una escritora que tipeaba todas las noches sus escritos (probablemente historias, no me acuerdo tan bien), y se quedaba hasta tardísimo en esta dedicación. En la habitación contigua vivía un tipo que escuchaba el tictac sin fin de la máquina de escribir, llevándolo hasta la locura. En algún momento de delirio el hombre del lado cree poder entender lo que escribe la ruidosa vecina, sólo por el sonido de los tipos contra el rodillo. Y lo que hasta entonces era una molestia se transforma para él en una especie de radioteatro de lo insólito. Entretanto, la escritora de los tipeos parlanchines vive en una pensión con un hato de abuelitas que lloran cada noche la telenovela de turno, aceptando sin mayor exigencia la truculenta trama. La escritora las desprecia en parte, pero acepta ser testigo de esta costumbre de todas las noches después de la cena. El final de la historia se me escapa ahora, pero tenía algo que ver con una conversación entre la escritora y el vecino (con palabras moduladas con el aparato buco-faríngeo esta vez y no en el idioma de las máquinas de escribir, qué absurdo!), en que ella salía muy complicada y hasta herida de los comentarios de su único (por qué único?) lector-auditor, y simplemente se unía triste al grupo de ancianas que lloraban la teleserie. La historia es extraña y llena de vacíos, pero esto es una reconstrucción de muchos años después.
Para qué negar que la sombra de lo que no he sido, este estado de escritor que nadie me pide que sea, me sigue fiel en todo momento, como una cuerda atada a un pie, y que arrastro inexorablemente, aunque reniege tres y mil veces de ella. Y que me llama y me pide atención como los cordones desechos de un zapato.
Admiro a los boxeadores que practican sus gestos púgiles con su sombra. En la rapidez de sus upper-cuts y de sus jabs, logran adelantarse a ella y transitar de un mundo a otro, a interactuar con la sombra, con el dios de lo que no ha sido y que nunca será. Yo quisiera ser como ellos, y satisfacer el acoso que esta sombra me impone desde tantos años y que no me abandonoa, y que pueden pasar años, pero siempre vuelve como un gato que de alguna forma siempre encuentra el camino a casa, y que en su cara felina inexpresiva caben todas las expresiones, como un espejo donde uno se refleja, y donde lo que se ve no es lo que se es sino lo que se podría ser, la maravilla de transformar una historia en algo vivo, una página en blanco en un corazón palpitante, una sombra antigua en una luz que ilumine un camino nuevo de mi propia vida.

Saturday, May 09, 2009

Flor de Flores

Yo conocí a Fernando Flores, el senador pendular. El que hoy le quita el sueño a muchos luego de demostrar cómo uno puede cambiarse de bando político a plena luz del día. Lo conocí en un viaje que él hizo, me tocó estar sentado a su lado y escucharlo. Creo que también le dije algunas cosas y le hice un par de preguntas, pero eso ya se me olvidó.
Fernando Flores se sentó a mi lado y me dijo muchas cosas. Me habló de su paso por la Isla 10 (o sea la Isla Navarino, donde relegaron a algunos representantes del gobierno de Allende luego del golpe). Para muchos de los que estaban presentes en la comida, Flores estaba particularmente locuaz en esa oportunidad. De todas maneras no habló tanto, más bien lo que hablaría normalmente cualquier persona en una ocasión así.
También me habló de libros. Me llamó la atención que fuera tan culto. Y lo digo sin afán de alabarlo. Es que en verdad el señor ha leído mucho, y no sólo ha posado sus ojos en muchos textos. Conoce muchos autores, sabe de muchas corrientes filosóficas y está en condiciones de dictar un buen curso de historia de la filosofía sin mucho esfuerzo. Cuando yo estaba en la universidad estudiando historia, una de mis profesoras, María Eugenia Horvitz, nos sugirió contactar a Fernando Flores para que nos hiciera una charla "motivadora" sobre la historia, sobre nuestra vida como sujetos postmodernos y sobre lo que nos debiera mover como ciudadanos de la nueva democracia. Hablo de principios de los 90, cuando Flores aún no era nadie desde un punto de vista de los medios y no fuera conocido como legislador. Me lo imaginaba como un señor mayor, flaco, de cabellos blancos, de lentes redondos y vestido con un terno azul gastado, con una humita y con olor a tabaco. El prototipo del intelectual exiliado.
La realidad, como cualquier chileno informado puede atestiguar, es bastante distinta. En la comida a la que hago referencia, Flores, el de verdad, apareció caminando por la calle con el paso difícil de las personas con un sobrepeso completamente fuera de control. Se sentó a mi lado con un aire de niño avergonzado, y tal vez buscando llamar la atención empezó a hablar sobre su vida y su vocación por lo político.
Nunca había visto a nadie tan maleducado en la mesa. Violó sistemáticamente todas las normas de buena educación que mis mayores me enseñaron al momento de sentarse a la mesa. Recuerdo que yo pedí unos rolls que eran un tipo de burrito bastante buenos, rellenos de carnes y verduras, pensados para ser comidos con tenedor y cuchillo. Flores hizo caso omiso de estas consideraciones y procedió a comerse con la mano las exquisiteces del lugar. Como un gigante que devora con la mano una parrilla de carne asada. Mientras hablaba, el Senador escupía sin querer pedazos del roll. En las comisuras de sus labios se debatían en equilibrio mortal los jugos que acompañaban el menú.
Los comensales, yo incluído, caíamos en los roles del pueblo que no quiere gritar que el rey está desnudo, o en este caso, que el Senador-Cenador es un cochino. Todos lo escuchamos con respeto, algunos con silencio reverencial, casi anotando mentalmente lo que se transformaba en dogma al momento de ser pronunciado.
Las cosas no han cambiado mucho, excepto por la olímpica vuelta de carnero política del Cenador.
Creo que el caso no deja de ser fascinante. En la entrevista que le concedió a CNN Chile, el Senador se siente incómodo que le pregunten por lo obvio: cómo puede justificarse lo injustificable, que en un país donde derecha e izquierda son aún fuerzas políticas separadas por un abismo de ideologías y tradiciones históricas, él decida pasarse de un bando al otro. Dice: yo soy independiente y creo que mi deber es abandonar la Concertación y unirme a un grupo que creo que debe liderar el cambio político en Chile. Aunque advierte: si la derecha no cumple con lo que dice, yo dejo de apoyarla y me retiro.
En otras palabras: ustedes saben que yo soy un gurú (de alguien) y por lo tanto tienen que seguirme donde yo vaya, porque la verdad me acompaña donde yo esté, no al revés. Otros prefieren decir: yo pienso que en el debate político nacional la mejor opción para el país va por este lado x, y mi conciencia me dicta apoyar esta tendencia. O sea, mis convicciones pueden ser favorecidas por el electorado o no, pero siguen siendo mis convicciones.
Flores carece de este tipo de consideraciones. Al parecer piensa que cualquiera que lo critique está equivocado (esa parte de sus lecturas filosóficas se le olvidó), y que puede acomodarse a cualquier cosa y a cualquier circunstancia sólo con un gesto de su bigotito charro. Como el Dios de los evangelios, él dice: Yo soy quien soy, porque nadie ni nada fuera de mi es capaz de definirme. Y como tal, puedo hacer lo que quiero porque mi sola presencia justifica mis decisiones.
Yo propongo lo siguiente: proclamar a Flores Rey de la Araucanía. Renuncia inmediata al Senado y a cualquier candidatura a nada. La Monarquía Araucana se instaura mientras dure Flores. Mientras se mantenga cuerdo y siga leyendo libros. Prohibido actuar en política chilena. Estoy seguro que sus discursos en el año nuevo mapuche serán memorables. Y que los mapuches lo escucharán con respeto. Aunque sin creerle mucho. De hecho, sin creerle nada. Todos gritaremos finalmente que el Rey está desnudo.

Tuesday, July 08, 2008

Better late than never.

Wow... I just realized that life does NOT consist in box-checking a list of new things to do.

Thursday, July 03, 2008

Los límites estéticos de la democracia

Las grandes obras de la arquitectura han sido creadas por gobiernos no - democráticos. Tal vez hay algunos ejemplos, como Londres, que probablemente se dio a sí misma toda la estructura de Westminster como fruto de su proceso "democrático", si por tal se pueden entender los primeros siglos de la monarquía constitucional.

Pero casi todos los países han construido sus templos más grandes en contextos de gobiernos no - democráticos. No necesariamente en dictaduras. Las monarquías absolutas construyeron grandes palacios que albergaron a las grandes familias que eran su sustento social y político. La Iglesia Católica, institución profundamente no-democrática, es responsable del hermoseamiento de casi toda Europa, con sus catedrales y obras religiosas, además del arte (pintura, escultura) con motivos de la fe y sus misterios.

La India y China han producido obras prodigiosas, y nunca han sido países democráticos. Lo mismo corre para Japón, la Rusia zarista y el antiguo egipto. Para qué voy a seguir. Si la ecuación es lógica: a falta de controles democráticos, más libertad para disponer de fondos públicos. Si esa libertad es unida al convencimiento de una legitimidad divina o superior del cargo (es decir, que no sea una dictadura), es probable que se encuentre una ambición de demostrar grandeza a través de lo bello y magnífico. Ergo las pirámides egipcias y mayas, catedrales, mezquitas, Taj Majales, etc.

En sentido contrario: qué han hecho las democracias en materia de construcción de monumentos gloriosos? La torre Eiffel. El London Eye. Ehmmmmm...... la Casa Blanca. Ehmm......

Lo mismo aplica a los grandes artistas. Un gobernante no-democrático, con una buena educación puede disponer que los artistas más destacados realicen sus obras sin necesidad de preocuparse de pagar la cuenta de la luz. No me imagino a Miguel Angel o a Rafael postulando a concursos en el Fondart de la época, o llenando formularios para explicar el contenido de su obra.

Enfrentemos la realidad: la democracia no es perfecta, y este es uno de sus defectos. La democracia iguala a la gente, no sólo en derechos y oportunidades (que es justo), sino también en capacidades y condiciones (que no se ajusta a la realidad). Qué le vamos a hacer.

En un mundo como hoy, cuando la democracia comienza a perder vigor, hay que fortalecerla precisamente en las áreas donde es más débil. La belleza y la monumentalidad es también una manifestación de la salud de un país, y un signo de que su pueblo se desarrolla y que aspira a grandes cosas.

Thursday, June 19, 2008

Radiohead

Habían pronosticado lluvia para la noche en que Radiohead tocaría en Milán. Las nubes cargadas cubrían la ciudad con su abrazo húmedo cuando llegué a la estación central. Dos horas antes del concierto y luego de un viaje bastante largo gracias a RyanAir, tenía tiempo para conocer algo más de Milán. Yo ya había estado cuando niño, y tenía recuerdos bastante borrosos pero también muy vívidos sobre el duomo y sus puntas que parecían empinarse hacia el infinito.


Tomé el metro y vi rápidamente cómo llegar a la plaza del duomo. No estaba lejos. En el metro pude ver lo distinto que es Milán con respecto a Roma. Personas distintas unas de otras, de colores y vestimentas diversas, que hablaban diversas lenguas, con el murmullo de fondo de un italiano hablado sin el acento estridente del Lazio. La gente se veía mucho más homogénea en su diversidad. Curiosamente sentí que en comparación Roma parecía una provincia hundida entre sus ruinas y basílicas renacentistas, mientras que el centro lombardo vibraba de una vida más nueva, más actual, más abierta.


Me desorienté un poco al bajarme del metro, y no supe bien cuál de las salidas de la estación me llevaría al (yo esperaba) impactante encuentro con la fachada del clásico ícono milanista. Por suerte no me equivoqué, y ya antes de subir las escaleras, alcé la mirada y pude ver cómo el duomo se asomaba con sus volutas barrocas y gárgolas centenarias, como un gigante que acerca su ojo colosal a la una ventana pequeña y que nos mira desde los siglos.


Son curiosos los recuerdos infantiles. La última vez que había estado en la piazza del Duomo de Milán yo tenía ocho años. La impresión de entonces fue la de estar en una explanada enorme, donde a lo lejos se veía gente caminando, empequeñecida por las distancias magníficas, y todo a la sombra de esta enorme ballena de piedra, de la que era imposible ocultarse como un dedo acusador que te sigue a todas partes, con su presencia aplastante de volutas y arcadas.


Ahora en cambio vi que la plaza era un poco más grande tal vez que un solar colonial chileno, y que el duomo era una realización magnífica... como hay otras tantas en Italia y en el mundo. Grupos de personas conversaban en las breves escalinatas de la catedral, mientras que familias paseaban lentamente y compraban comida a los carritos en las esquinas de la plaza.


Admito mi desilusión. Me comí una pizza al taglio en uno de los costados de la plaza, mientras miraba el duomo y pensaba ya en el recital de Radiohead.


Radiohead, a quien sigo desde su primer disco (hace casi 15 años), es probablemente el grupo que mejor sabe ser vanguardista. Los únicos que pueden componer canciones difíciles de entender, cada vez más enredadas y etéreas, y al final salirse con la suya, es decir conseguir que los fans entendamos las melodías tan sinuosas como originales con las que llenan los discos. Al final, son comercialmente un éxito (todo el mundo habla de ellos), aunque van en un claro camino de destrucción de modelos y de formas tradicionales de hacer rock.


Debo reconocer eso sí que yo me quedo con el estilo que los convirtió en mundialmente famosos, de las canciones del "OK Computer", donde se notaba que estaban a un paso de huir de los esquemas de rockeros tradicionales, pero aún conservaban ese sonido mainstream que los hacía geniales y digeribles a la primera. Luego la cosa se hizo más complicada. Los álbumes sucesivos (Kid A, Amnesiac) hicieron dos cosas a mi modo de ver: introdujeron un sonido mucho más electrónico (y menos guitarras) y comenzó un desprecio cada vez mayor por el ritmo 4/4.


El concierto de esa noche era parte de la promoción de su último álbum In Rainbows, que escuché con devoción y disciplina los días previos. Difícil y más parejo en la instrumentación utilizada, deja con un gusto metálico en la boca, secuencias de acordes que corren como una avalancha electrónica que oculta las melodías de fondo, siempre geniales pero desprovistas de los adornos de antes.


Eligieron la Arena Civica al interior del magnífico parque Sempione de Milán para el recital. Mientras caminaba desde la estación del metro con un mapa conseguido a último minuto, me di cuenta de que estos tipos no bromeaban con su intención de hacer un evento "ecológico". Imposible llegar en auto. O caminando (como yo) o en bus. Parecía un paseo campestre, al término del cual no se saca una cesta de picnic sino que se corean en vivo las canciones del mejor grupo de rock del mundo.


Como dije al comienzo de este post, habían anunciado lluvia. Y lluvia hubo. Por suerte amainó poco a poco hasta que paró completamente precisamente a la hora del concierto. Sin embargo, ya a esas alturas la arena cívica era un "barrial" cívico, que es lo que pasa cuando se ponen 20 mil personas sobre una superficie de pasto mojado. Apenas entré al área del concierto y la gente estaba tranquila esperando el concierto, llegué a pensar que esto iba a terminar como esas escenas de Woodstock con gente jugando con barro y resbalándose en toboganes cafés.

Pero los milaneses son bastante educaditos. Nadie hizo nada. Había muchos vasos plásticos de cerveza y el infaltable olor a cannabis, pero la gente permanecía de pie imperturbable en los 60cm2 que le tocó a cada uno.

Aún no oscurecía sobre Milán cuando casi puntualmente, aparecieron en el escenario los Radiohead, como un grupo de amigos que dobla la esquina. Sin ningún efecto especial, saludaron brevemente agitando los brazos y se dirigieron a sus respectivos instrumentos. Después de todo venían a tocar y no a hacerse los simpáticos. Porque a decir verdad muy simpáticos no son.

El concierto fue casi todo lo que yo esperaba. Casi porque para un fanático como yo que nunca los había escuchado en vivo, faltaron temas clásicos como Paranoid Android o No Surprises. Por supuesto que ninguno de los miembros de la banda hablaba italiano, por lo que se dirigieron al público más que nada con gestos (Thom Yorke en su máxima demostración de cariño abriendo los brazos como abrazando al público... la terapia parece que le ha hecho bien), y con palabras sueltas que el público celebraba con halagada admiración.

"Buona sera" Dijo Yorke al micrófono luego de terminar la primera canción, con un acento de taxista de Manchester. "Grazie" y "prego" engrosaron más adelante el evidente estudio que habían hecho de la lengua de Dante entre los ensayos. Yo recuerdo que en Chile los recitales de los grupos gringos éstos se largan en extensos discursos en inglés sobre lo lindo que es el país, o la filosofía barata de moda sin importarles la distancia lingüística. Aparentemente Radiohead tienen un poco más de pudor. O tal vez son siempre así, en cualquier lengua.

En cualquier caso, la música era maciza. Se sucedían las canciones ejecutadas con perfección técnica, consiguiendo las armonías en el momento justo, con la tonalidad justa. Quedé absolutamente encantado con la amplificación, que era precisa, ni mucho ni poco. Sumémosle a eso el hecho de que la banda suena igual que en los discos. Cada canción parece una pieza de música clásica, donde las melodías y los compases son los mismos siempre, sólo cambia la expresión de los instrumentos y la interpretación que en ese momento quieran darle. Impensable un coreo con el público como hacen la mayoría de los grupos, apuntando el micrófono a la multitud desafinada, o donde brota la cursilería rockera, con frases célebres como "fusionarse con el público" o "el show lo hacen ustedes".

Lo único que sí vi en esta linea fue el hecho de que en el piano que Yorke usó para algunas canciones colgaba la bandera del Tibet. Bien por él. Tal vez Thom ha investigado sobre el Tíbet y quiere la independencia de China. O tal vez simplemente venía de hablar con Bono.

Cuando ya llevaban dos horas de concierto, finalmente el guitarrista secundario, que es como una presencia muda de maniquí útil tomó el micrófono para informar a la enardecida audiencia los resultados del fútbol. Esa noche jugaba la selección de Italia y de hecho muchos se preguntaban si la coincidencia no habría hecho derrumbarse la asistencia. Se dieron el gusto de informarle a los italianos presentes que su equipo nacional había vencido dos a cero a Francia por la Eurocopa.

El clímax futbolístico dio paso a una euforia musical. Inmediatamente Yorke atacó los acordes de piano de Karma Police, que (de nuevo) fue como ponerle "play" al disco, de lo igual que sonó. La gente coreó sonriendo toda la canción de punta a cabo, yo incluido. Y luego todos nos fuimos felices, como niños luego de hartarse de una torta dulce y abundante, con la sensación de haber visto algo realmente único, tal vez uno de los mejores grupos del momento, en el mejor momento de su carrera. O como dice el coro de la misma canción coreada y repetida en el susurro de la voz de Thom Yorke:

"This is what you get... when you mess with us".

Wednesday, June 04, 2008

Borracheras

Una vez en Punta Arenas tuve el privilegio de escuchar a un cómico local que hizo una hilarante rutina sobre los borrachos. Casi un monólogo filosófico, el cómico tenía la gracia de hacer reir desde su seriedad y con frases rotundas y redondas que caían como mazazos de ironía sobre los que lo escuchábamos. Una de las cosas que dijo fue cómo la borrachera es el estado más democrático de todos.


Claro, todos somos igualmente borrachos cuando nos emborrachamos. Todos son más amigos, más amistosos. Importa menos de dónde uno sea, cuánta sangre europea corra por nuestras venas o cuántos ceros tengamos la cuenta corriente. Los borrachos empiezan a recordar las cosas buenas, y si se acuerdan de las malas, es para sanar la herida abierta, enfrentando con la verdad el daño hecho, y con palabras soeces y puñetes al aire, pero siempre terminando en lágrimas de arrepentimiento y perdón.


Es como cuando un borracho entra en un bar, lleno de gente sobria. Todo el mundo le hace el quite, todos miran para otro lado, esperando que el borracho se vaya pronto, casi como si fuera un leproso. Qué distinto es a la inversa, cuando un sobrio entra a un bar de borrachos! dijo el cómico puntarenense. Los borrachos al ver al sobrio lo acogen con bromas, lo invitan a tomar y a integrarse, hasta es probable que no lo dejen pagar, y terminen todos debajo de las mesas durmiendo la mona. Los borrachos son una raza bastante más amigable que los sobrios.

Se puede hechar a la broma, pero por supuesto (caigamos sin asco en lo políticamente correcto) el abuso del alcohol es un problema. Sobre todo en la juventud de Chile, que tiene acceso casi ilimitado a vino, cerveza y pisco que comprado en botillerías puede obtenerse con una mesada de adolescente promedio, y hasta quedarse con plata para la micro.

Este problema no es de hoy. Cuando yo era estudiante secundario a fines de los ochenta, amigos míos tenían ya una afición desmedida por tomar todo lo que oliera a alcohol. Muy populares eran las petacas, que por ser más pequeñas eran más baratas. Aunque fueran una preparación que difícilmente se podría distinguir de un perfume barato al paladar. Un amigo mío (que luego enmendó el rumbo y se convirtió en un responsable profesional de las comunicaciones) se enfilaba una de estas petacas en el bolsillo interior de la chaqueta del colegio, y en una contorsión que desde lejos parecía un gesto de dolor, inclinaba la cabeza donde tenía una bombilla que emergía de dentro de su chaqueta, y que lo conectaba con la famosa petaquita y su contenido alcohólico. Un genio.

Pero casi nunca era así. Casi sin excepción el trago era un motivo de sociabilidad, de jóvenes que buscaban en una experiencia nueva y fácil, una aventura de la que recordarían poco. Como para adormecer el paso del tiempo que en los adolescentes es tan implacable. Seguramente el alcohol nos hizo más amigos de nuestros amigos, como diría el cómico sureño. Y nos enseñó que uno puede reír también de las cosas que hizo y que prefiere no volver a hacer.

Friday, April 18, 2008

Music is all around

Pocas veces me ha pasado que siento que estoy presenciando un cambio que de verdad va a revolucionar nuestras vidas o al menos una parte de nuestras vidas. Hablo de la música en formato digital y su socialización entre personas conectadas a la red.

Toda mi vida la he pasado en el esfuerzo feroz y económicamente desastroso de tratar de mantenerme al día en tendencias musicales, conocer nuevos grupos, descubrir nuevas tendencias o simplemente buscar "ese" disco que es absolutamente necesario para mi paz espiritual y para volcar mi estado de ánimo en algo que me haga sentir comprendido.

Ninguno de estos conflictos tiene ya validez. Basta con entrar en uno de aquellos portales (que no mencionaré aquí por pudor -hipócrita de mi parte, por supuesto- de los derechos de autor) donde las personas suben y bajan discos enteros, actuales, del pasado y del pasado remotísimo, cosas que uno nunca más pensó escuchar en la vida.

Yo sé que no corresponde hacerlo, que es ilegal, etc. etc. etc., pero cómo evitar acceder a algo que a uno le encanta, que está al alcance de la mano, y en vez de eso perder el tiempo yendo a la tienda de discos como se hacía antes, y hojear carátulas de CD sin ninguna posibilidad de buscar por género, o por año. Era casi mágico encontrarse frente a frente con el disco tan esperado, o toparse con un disco de tu grupo favorito que ni siquiera sabías que existía.

El problema es que como todo está disponible, como nada cuesta encontrar, como todo se puede bajar de internet, como siempre hay alguien dispuesto a subir o a venderte sin más trámite la música que necesitas, ésta comienza a perder valor. No digo que la música en sí misma no tenga valor, sino que la omnipresencia de discos y canciones hace que todo sea una gran ensalada de sonidos, que no permiten profundizar en los contenidos de cada expresión musical, o desarrollar el sentido que tiene una u otra canción o disco... todo a favor de una aproximación "casual" a la música. Me gusta este disco, pero en cinco segundos más termino de bajar este otro que es tan bueno como el anterior... o eso es lo que he leído.

Al final uno llega a la conclusión de que uno no necesita realmente tanta información, que no es necesario tener tanta música para satisfacer las necesidades que uno ha tratado de cultivar por tantos años.

Por eso lo que más valoro hoy cuando busco discos en este mar de nuevas melodías es alguien que diga cosas que tengan sentido, que se salgan de lo común, que apunten a otra parte, no a las mismas progresiones de acordes que han hecho ganar tanto dinero a tantos empresarios de la música. No es tarea fácil.

Friday, March 21, 2008

Los chascones del pasado...

Como no recordar esos años 80 en que como adolescente liberaba mi rebeldía agitando mi cabeza al ritmo de los grupos heavy metal, que por ese entonces estaban en su máximo apogeo! Aunque parezca increíble, en ese tiempo yo también tuve el pelo largo y chaqueta de mezclilla con nombres de grupos impresos en la gastada tela. Los caóticos recitales en el desaparecido gimnasio Manuel Plaza están entre mis más caros recuerdos de esa época, tan rebelde como ingenua.
Las bandas más populares entre mis gustos sobrevivieron a esos años y se convirtieron hasta en éxitos comerciales: Metallica, Megadeath, Slayer, entre otros. Sin embargo, mis grupos favoritos desaparecieron en el anonimato, disolviéndose para siempre en la memoria de los que como yo alguna vez los consideramos lo máximo. Grupos como Watchtower, Destruction, King Diamond, Kreator, Nasty Savage, Hallows Eve, entre muchos, muchos otros, fueron como el soundtrack nerd que yo tuve por algunos años y que luego de un tiempo dejé de escuchar por casi dos décadas.
De vez en cuando entraba en alguna disquería de esas consideradas alternativas y recorría nostálgicamente los discos de heavy metal, pensando que algún genio habría hecho una remasterización de los ídolos olvidados de los ochenta. Lo único que encontraba irremediablemente eran nuevos grupos de adolescentes furiosos que crecieron en los noventa, y que a mi ya no me interesaba conocer.
Cuál no sería mi sorpresa cuando vi que en el sitio web www.portalnet.cl estaba absolutamente todo lo que yo escuchaba por entonces, hasta con grabaciones inéditas. Y además gratis, absolutamente gratis.
Por supuesto empecé a bajar todo lo que encontré. Me hice de una colección bastante respetable de discos en una carpeta de mi computador de la oficina, y pensé que por fin mi larga espera por rememorar esa época había llegado a fin. Puse algo de esa música en mi MP3 player.
Escuché primero un disco de Metal Church, de los lejanos orígenes del género. El sonido estaba ahí, la intensidad que yo recordaba, los solos de guitarra, los cambios de ritmo, el latido aplastante de la batería veloz.... sin embargo todo se parecía a una caricatura, como un sonido que se parece a sí mismo, o mejor dicho, que se parece a la imagen esterotipada que se formó luego de extinto el estilo. El cliché del chascón que grita al micrófono una letra gutural e incompresible, acompañado de esbirros de igual apariencia, todos enojados por alguna razón desconocida pero en el fondo cómica, envueltos en jeans rotos y cadenas que a estas alturas parecen ridículas. Sacados de una fiesta de disfraces. Absurdos en lo anacrónico. Pero chistosos en la pantomima.
Algunos archivos ni siquiera los he escuchado. Veo con un poco de alivio que uno va cambiando, y que las circunstancias lo prueban a uno por sobre los gustos que uno pueda tener en un momento. No puedo negar que aún me gusta la energía desenfrenada de esos riffs veloces y de armonías dudosas. Pero no es lo que yo busco hoy en música, ni es lo que hoy me satisface más. Pienso qué triste es el caso de Exodus, un grupo de heavy metal cuyo primer album, Bonded by Blood, fue un exitazo en el año 1984 y hasta el día de hoy es un trabajo de culto. Lo triste es que los tipos hasta el día de hoy, más de 20 años después, siguen juntos como banda y tocando exactamente lo mismo. Las mismas canciones, los mismos solos, la misma voz chillona y de gritos destemplados. Pienso en los Beatles, que sin separarse estaban permanentemente ampliandose a otros caminos, tratando de ser más, probando la próxima frontera. Y luego de separados, siguieron en esa senda, actualizandonse siempre. Quiero pensar que en cuanto a mis gustos, yo también he cambiado, que no significa que no vuelva de vez en cuando a disfrutar de las estridencias de los pelucones de antaño. De hecho, yo quiero ser siempre el mismo, pero ojalá siempre distinto.

Wednesday, December 19, 2007

Lo bueno de Chile

Los chilenos tal vez somos extremadamente crueles con nuestro propio país. Tal vez demasiado. Como un amor abusivo, no nos hartamos de humillar a la tierra que nos vio nacer, de apocarla, de decir que en otras partes es mejor, que no tenemos cocina ni cultura, que el aire huele mal y que nos creemos lo que no somos. Somos asiduos practicantes de este deporte de auto flagelo. Yo mismo estoy en este grupo, y este blog es prueba de ello.

Por eso me preguntaba el otro día si sería posible construir un blog con cosas positivas sobre el país. Dos ideas se me ocurrieron que saboteaban su éxito. En primer lugar, y por tontas razones de linea editorial, tal vez tendría que abrir otro blog, como para consolidar en el hiperespacio esta enfermedad nacional de la hipocresía dos caras. Yo y mi otro yo sabían que no lo haría. Ya ralean los posts en este blog, menos iba a abrir otro. En segundo lugar, pensé que el blog positivo sobre Chile sería fome, algo así como una canción de Alberto Plaza o un libro de Isabel Allende, donde los dramas están entre algodones y frases hechas. Como para caer en un desfile sin fin de cursilerías sobre la cordillera y los lagos del sur. O sobre la mujer chilena o sobre lo honestos que son los carabineros.

Pero vuelvo a la idea original: Chile es un país complejo, de luces y sombras. De eso no cabe duda. Y de pronto pienso en esos brochazos de filosofía griega aprendida en alguna de las tantas aulas asistidas, y recuerdo esa vieja distinción entre lo que se es y lo que se puede llegar a ser en potencia. O sea, sin abandonar mis inclinaciones críticas, pasar de escribir sobre las cosas malas de Chile sobre lo bueno que podría llegar a ser.

Qué puede ser Chile en potencia, cuáles son sus capacidades inaprovechadas? todos los países tienen sus límites, impuestos por la lejanía, por su cultura, por su historia, por sus costumbres y sus modos. El gobierno actual en Chile bota diariamente por la borda sobre el ancho Océano Pacífico las oportunidades y las potencialidades que tenemos los chilenos. Para que la corriente de Humboldt se las lleve para otra parte. Nuestra oportunidad de ser un país culto, por ejemplo.

Como quiero escribir algo positivo, no voy a empezar a decir lo que hay que destruir para construir algo bueno. No voy a decir que habría que demoler por lo menos la mitad de los malls, que habría que proteger las bibliotecas públicas y los negocios de la esquina, crear créditos para los pequeños comerciantes, darle más capacidad a la vida de barrio, tratar de contrapesar la cultura farandulera, eliminar para siempre los lugares comunes y la chabacanería. Porque no quiero ser negativo y decir que la cultura NO es tipos en zancos, ni es tener mimos en las plazas, ni siquiera es necesariamente más gente que va al Teatro Municipal. Es una forma de ver las cosas, valorar el ser mejor, atreverse a ser intelectualmente humilde, tener la curiosidad por conocer algo más que lo último que dijo la bataclana del momento. Bueno, no quería decirlo, pero lo dije.

No importa. Como contraste sirve. Destruir para construir, como dijo Sócrates. Pienso en el Chile donde creció Neruda, un país mucho más pobre que el actual, y con muchos defectos, pero donde un poeta no era un loco que habla solo en la esquina, donde lo que se decía no daba lo mismo. Donde las palabras no habían perdido el sentido, como hoy. Donde la política no consiste en gritarse insultos mientras los míos aprovechan el pánico apropiandose de los despojos fiscales, con arrogancia de patrón de fundo, de dueño de encomienda, de conquistador que mira desde arriba del caballo, o desde arriba del cargo público obtenido sin más mérito que la cuota política.

Yo creo que al final todo se reduce un poco a decidirnos de una vez por todas a ser sinceros con nosotros mismos. Somos poco pero queremos ser más. Y aquí tal vez deberíamos hacer un acto de fe: tenemos que creer a ciegas que Chile puede ser mucho más de lo que es ahora. Que la falta de liderazgo del gobierno y la pobreza actual de la vida pública no son suficientes para apagar las ganas de ser más de la gente. Que si surgiera un nuevo Roberto Bolaño entre los escritores, no tendría que irse a vivir a Barcelona para escribir tranquilo. Un país donde la belleza de las ciudades se persiga con el mismo interés que la variación de la tasa de interés del Banco Central. Donde no exista temor a tomar decisiones difíciles. Donde los grandes relatos, un nuevo gran relato sobre el futuro de Chile, vuelva a encantar a los chilenos, y les de un sentido más alto y puro al hecho de ser de este país y de quererlo bien, con sus virtudes y defectos. Es mucho pedir?

Sunday, October 21, 2007

Mediocres al poder

Hace diez o quince años atras recuerdo que habia gente que decia que en Chile se notaba que había más dinero pero menos cultura. Como esa tendencia no se revirtió nunca, los rotos con plata que resultamos de ese proceso hoy tenemos que soportar casi resignadamente el gobierno que tenemos.

Qué pasaría si fuéramos ricos pero con cultura? tal vez nos daríamos cuenta de lo que está pasando, y más gente (más electores) podrían pedir lo que nos haría mejores y nos permitiría definitivamente ser más chilenos, más encontrados con nosotros mismos, en resumen más felices.

Pero no es así. Lavín sale diciendo que está justo en la mitad del oficialismo y la oposición. Y a falta de noticias más sensacionales, se levanta la polvareda de un debate artificial sobre qué diablos quiso decir con eso. El líder político más pobre de intelecto que ha tenido Chile en los últimos tiempo domina el debate público. En el reino de los ciegos el tuerto es rey. Pero qué pasa cuando ese único tuerto es miope de su ojo bueno?

Leo con horror otros ejemplos funestos de la mediocridad más total de nuestra clase dirigente y de nuestra extendida fronda aristocrática. El recorte del presupuesto a la ciencia es sólo un botón. Para el presupuesto más holgado de la historia de la República, se disminuye en un 11% la asignación a Fondecyt, y se reducen casi a la mitad las becas de doctorado. Sí se aumentan los recursos para el mal entendido ítem de "innovación", que en las cabezas de los ingenieros que administran los fondos públicos, se reduce a "innovación empresarial". O sea, el conocimiento que no sirve para exportar fruta a Estados Unidos, no nos interesa. Cómo es osada y dañina la ignorancia.

Los que se llenan la boca con concepto de país desarrollado y con frases hechas como el salto al siglo xxi, ignoran cómo hacerlo. En el Chile de hoy la distancia entre el discurso y la realidad provoca angustia entre los que miramos este teatro del absurdo desde el anonimato.

Por eso creo que en Chile abunda la mediocridad más atroz. La Antártica ha llegado a las primeras planas de los diarios en estos días y nos ha dado el ejemplo más concreto de este divorcio entre acciones y palabras. El Reino Unido amenaza con tomar iniciativas para declararse soberano sobre el subsuelo marino antártico, sobre la base de sus reclamaciones territoriales, que coinciden en buena parte con las chilenas y con las argentinas. Los políticos enfermos de frases hechas y de ideas preconcebidas, elevan sus augustas voces para decir desde Valparaiso que rechazan "de la manera más categórica" esta aspiración de los británicos, y que viajarán al continente austral "para hacer soberanía".

A mi me parece muy bien, a pesar de que es algo inútil considerando que el Tratado Antártico del año 1959 congeló las aspiraciones territoriales sobre el continente, y estableció que ninguna acción a partir de ese momento se consideraría como precedente jurídico para fortalecer una reclamación de un país sobre otro.

Por eso antes de hacer las maletas a la rápida en enfurecido sentido patriótico, yo les diría que pasen por el instituto antártico en Punta Arenas (donde no sé si han estado alguna vez) y conversen con su Director, tal vez puedan sacar un par de ideas para el futuro de la Antártica chilena. Tal vez algo que revierta la tendencia que hemos visto en los últimos años en que la actividad científica que impulsa nuestro país se hace a pesar del exiguo financiamiento estatal y no gracias a él. No son los mismos parlamentarios los que deciden cuánto dinero se invierte en esto? Chile es, por muy muy lejos, el pariente pobre de los estados reclamantes de la Antártica. Pero a nadie parece importarle mucho. Al menos hasta que en la prensa se presenta una oportunidad para ser altisonante y para ganar titulares respondiendo con actos patrioteros.

La mediocridad de nuestros políticos es lo que merecemos por ser un país inculto, que se olvidó de invertir en su propia gente. Somos prisioneros de una clase política (hombres, mujeres, izquierda, derecha) que sigue pensando que hacer cultura consiste en saltimbanquis y gente en zancos, payasos y mimos de ocasión. Como dijo Huidobro en su tiempo: Si no me diera risa, me haría llorar.

Monday, October 01, 2007

Notas para cantautores

Es un asunto extraño, este de escribir canciones. Yo siempre he tenido la frustración de ser incapaz de construir una letra decente de una canción, a pesar de que no tengo mayores problemas para crear una melodía. Me quedo ahí, tarareando algo que podría llegar a ser una canción, pero que finalmente se transforma en una grabación mía con la guitarra y con mi voz "nananeando" en el lugar donde debería ir la letra.
Hace algunos días probé a invertir el orden de las cosas, es decir, tomé cualquier frase que me pareciera "musical", sin importar lo que significara, y traté de construir una letra a partir de ella. Resultó! De alguna forma, la primera frase desencadena algo, no sé bien qué será, pero lo cierto es que ayer escribí una canción y la grabé entera, con estrofa y coro, en menos de tres horas, que para cualquier persona es un buen tiempo. Claro, la grabación no está perfecta, tiene problemas de ecualización y hay errores, pero ya está ahí, almacenada.
Lo interesante es que a pesar de que la elección de las palabras iniciales sea casi azarosa, debe haber algo de asociación libre en la continuación de la letra. O sea, no es tan fortuito como parece, y finalmente se transforman en imágenes que algo tienen que ver con uno, con lo que está pensando. Tal vez si sigo con esta técnia eventualmente el proceso sea más fácil, con letras con un significado más claro y directo. Pero por ahora, es simplemente algo muy, muy entretenido.

Monday, August 06, 2007

Farewell to Cholo

Los gatos saben lo que quieren. Son criaturas precisas, ágiles para alcanzar los lugares que desean recorrer, pero ahorrativos en sus esfuerzos. Tal vez saben que el próximo salto será aún más grande, que les demandará aún más energía. Y por eso no dudan ni un segundo para aprovechar el rayo de sol que los mecerá en el sueño, como un camino hacia otro mundo. Los gatos duermen mucho, mucho más que nosotros. Y son capaces de despertar y volver a dormir con la misma velocidad con que atrapan su presa, o escapan de una situación desagradable.
Los gatos aparecen de la nada, y desaparecen sin hacer ruido. Un segundo no están, y al siguiente adornan los puntos más altos de los muebles, vigilando su espacio, su territorio. Luego cuando ya ha llegado el momento (ni antes ni después), se retiran con elegancia y decisión. En silencio. El ruido llega luego, desde la cocina, de las patas en la caja de arena o en la comida seca que se pulveriza en sus dientes.
Tienen gestos únicos. Les fascina jugar a atrapar cualquier cosa que se mueva. Las cuerdas los vuelven locos. Sobre todo una cuerda que se mueva frente a ellos, arrastrada por el suelo, puede ser fuente de muchas horas de diversión. A menos que no quieran jugar, en cuyo caso no hay nada que hacer.
Mi gato Cholo le encantaba jugar con mi pie. Los cordones de los zapatos eran un agregado, como un juego dentro del juego. Todo terminaba en un momento de máximo jolgorio y alegría, cuando ya no podía más de felicidad y trataba de atrapar mi pie calzado, él ya de espaldas en el suelo, aferrándolo con todas sus fuerzas, las orejas giradas hacia atras, con sus uñas largas y afiladas y mordiendo, mientras con las patas traseras pegaban pequeñas patadas, como tratando de arañarme. Sé que todos los que han tenido gatos me pueden entender y saben de lo que hablo. Yo muevo el pie como jugando a que mi zapato es la presa que él ha atrapado. El juego termina cuando él decide, suelta todo y se levanta rápido, recuperando su elegancia y ocultando su satisfacción, como si recordara que la naturaleza lo creó bello, único, digno.
Se afilan las uñas con lo que encuentren. Mi departamento sufrió las consecuencias de no tener una alternativa para esta función de primera necesidad, y el papel mural fue hecho añicos. No fue su culpa.
Recogí al Cholo de la sociedad protectora de animales de Nueva Zelandia(SPCA). Tenía seis semanas. Ya entonces se veía un gato ágil y fuerte, dispuesto a jugar con cualquier objeto que estuviera a su alcance. Creció en porte y se transformó en un ejemplar robusto, de pelaje absolutamente negro. Hermoso de no ser por un poco de sobrepeso producto de ser un gato tan urbano, que no conoció mucho de la vida al aire libre, ni de trepar por árboles ni de pasar noches fuera de casa. Una vez lo saqué a la terraza y quedó petrificado. Probablemente no sabía qué hacer con tanto espacio. De vuelta dentro de la casa, comió un poco y se fue a mirar por la ventana, desde donde se entretenía siguiendo con la vista los pájaros que pasaban.
Cuando volví de Nueva Zelandia a Chile, lo dejé en un hotel para gatos, mientras yo me hice un viaje de mochilero por un mes. Lo fui a buscar al aeropuerto en Santiago. Venía en una caja especial, y pensé que podría haber sufrido por el viaje. Sin embargo, luego de los cientos de papeleos en la aduana, lo vi aparecer entre toda la carga aérea en una caja de madera, con una rejilla metálica a un lado y un embudo en el techo de la caja, a través del cual le daban agua. No sé si él me reconoció a mi, pero yo reconocí su maullido sano y feliz, y su negrura dentro de la caja fue la imagen que corroboró el reencuentro.
Tuve que separarme de el para venir a Roma, lo dejé en la casa de mis padres donde tendría más espacio para moverse y para bajar esos kilos de más.
Dicen que los gatos son fríos, incluso traicioneros. Que no demuestran sentimientos ni apego. Esta es una infamia probablemente difundida por las personas que sólo quieren a los perros con sus saltos y su amor incondicional. Los gatos son exactamente iguales. Sólo que el amor de ellos, como el de las personas, no es incondicional. Los gatos saben lo que quieren. Si no quieren jugar, no juegan, por mucho que uno insista. Si uno los obliga a salir de alguna parte o a dejar de hacer algo, se van reclamando. Son temperamentales y no lo ocultan.
A pesar de todo eso, no esconden sus sentimientos. El Cholo me esperaba todos los días cuando yo llegaba del trabajo, y se me metía entre los pies, impidiéndome caminar hasta que lo tomara y le hiciera cariño. Dormía todos los días conmigo. Se acostaba sobre mi, de tal forma que su cara y la mía quedaban frente a frente. Se sentía seguro escuchando el latido de mi corazón, y yo me sentía cómodo con su ronroneo misterioso. Me seguía a todas partes, a la cocina, al living, si me sentaba a ver televisión. Guardando una distancia y siempre en silencio. Hasta que casi fortuitamente decidía saltar a mis piernas y pedirme que le hiciera cariño, debajo del mentón, como le gustaba a él, o sobre la cabeza. Pero estas eran excepciones, casi siempre se tendía a algunos pasos de distancia. A veces yo lo miraba y como si él se sintiera observado, me miraba de vuelta, con un aire de indiferencia y superioridad. Luego de ver que no había nada nuevo de mi parte, alejaba de nuevo la mirada y se perdía en su mundo de cavilaciones felinas. Y para mi se transformaba en esa figura negra en el rabillo de mi ojo. Hasta el día de hoy me engaño de ver un algo negro de reojo (un bolso, una caja), y pienso por un segundo que es él.
De alguna forma el Cholo era un incondicional. Me dio su compañía gatuna incondicionalmente todas las veces que yo quise. Fue incondicionalmente sincero en sus gustos, lo que quería y no quería. No me engañó jamás. Me dio toda la libertad que yo quise. No me llenó de maullidos caprichosos, ni me pidió nada más que comida, agua y un baño limpio. Creo que él y yo nos parecemos en eso, en disfrutar de las cosas buenas de la vida, viviendo con lo mínimo. O tal vez es algo que yo aprendí de él.
Ayer supe que, en un día como cualquier otro, el Cholo tuvo un ataque al corazón y murió de manera fulminante. Me han dicho que la población de gatos en Nueva Zelandia está altamente controlada, por lo que se produce inbreeding, lo que lleva a problemas congénitos, que pienso que explica su temprana muerte a los 6 años de edad.
Sé que su sentido de independencia no le reportó tristeza ni siquiera en los últimos momentos. Yo lo tuve conmigo y el me tuvo consigo, que es probablemente mucho más de lo que muchos gatos y humanos pueden decir. Se fue solo, con su carácter y sus mañas, con sus ojos verdes que se asomaban de en medio de su piel negra, como jugando, siguieno la última cuerda, tratando de atrapar el último rayo de sol y ronroneando para siempre en mi memoria, dormido eternamente en el rabillo de mis ojos.

Tuesday, June 26, 2007

Visita al Sur de Italia. Tercera Parte (y final).

Salir de Sorrento fue una experiencia extraña. La península amalfitana parece un apéndice sacado de otro país, bello en su verdor vegetal, limpio en su azul oceánico. Parece que alguien lo hubiera arrancado de su origen paradisíaco y se lo hubiera clavado como una rama de romero en la costa de la Campania.


Lo que se ve de inmediato luego de salir de la península es algo que el turismo italiano ha logrado ocultar bastante bien. Después de la belleza que dejábamos atrás, de pronto todo estaba invadido por la monotonía de casas sociales y bloques de departamento construidos a la ligera, sin consideración estética alguna, el sol que invade todo y que no deja nada a la imaginación, y el Vesubio que reina en su majestuosidad egoísta.


La entrada a Nápoles me recordó el barrio de la Estación Central en Santiago. Un empedrado irregular cruzado por líneas de tranvía que no sé si aún corren, ni a dónde van, grandes letreros de publicidad que no se han renovado en años, y donde los habitantes locales se han expresado con graffitis o simplemente arrancándole a girones el papel. Gente que cruza la calle sin apuro ni destino aparente, mientras unos pocos barcos semi-abandonados se mecen somnolientos en las olas, esperando una carga que no llega nunca.


El hotel donde nos alojamos está en el centro mismo de la ciudad. Salimos a caminar. Era un domingo y como en muchas otras ciudades, las calles se veían vacías. Buscábamos un lugar donde almorzar. Sin embargo Nápoles no es un lugar apetitoso, especialmente por la presencia constante de la basura, que está en todas partes. Donde uno vaya, montones de basura acumulados, que en algunos casos son cerros en donde bolsas plásticas, cartones, botellas y desechos vegetales se mezclan en un solo color, en un solo olor: el de la inmundicia.


Contrariando mis principios y mis gustos, almorzamos en un McDonalds, que muy a mi pesar parecía el único lugar con un mínimo estándar de sanidad. A juzgar por la gente que se veía en la calle, muchos también recurrían a la comida rápida con bastante frecuencia, porque la obesidad es algo muy patente en Nápoles. Niños y adultos, la evidente sobreingesta de calorías y grasas es de un nivel asombroso. A estas alturas, Roma me parecía un paraíso lejano y borroso.


Finalmente luego de mucho caminar dimos con lo que se podría llamar el centro cívico de la ciudad. En la plaza central, llamada piazza del Plebiscito, están los principales edificios de administración de la ciudad. No deja de llamar la atención lo monumental de la plaza, la majestuosidad de los edificios que la rodean.
El mar está a la vuelta de la esquina. Hay un bellísimo paseo peatonal que permite ver el mar milenario, tan lleno de historia y donde por miles de años la ciudad ha presenciado las infinitas formas de esta existencia terrena.
Nápoles sorprende: a pesar de las primeras impresiones de la basura y la falta de higiene, es imposible ocultar que la ciudad fue un lugar de gran apogeo cultural y arquitectónico. Sin planearlo llegamos al Castello Dell'Ovo, construcción centenaria que parece una cárcel, hecha de un ladrillo tosco, pero de gran belleza. El lugar está dominado por el turismo, lleno de restaurantes.
Al día siguiente, un lunes, tuve la oportunidad de ver a la ciudad en plena actividad. En efecto, comprobé lo que me temía, es decir, el caos y el ruido de una ciudad agresiva dominan todo. El par de actividades que tenía esa mañana estaban a una distancia caminable desde el hotel, así que me fui por mi propia cuenta y riesgo, premunido de un mapa facilitado por el hotel. Un par de veces me vi obligado a pedir instrucciones en la calle, y la gente me pareció bastante menos amable (por no decir más agresiva) que en Roma. Tal vez esa es la consecuencia de tantos años de mafia y de desprotección frente a los grupos organizados, ese temor atávico que se disfraza de agresión y de esa actitud "menefreguista" como dicen en Italia.
El mismo día lunes salí de Nápoles, un poco defraudado por el espectáculo del desaseo y de la lenidad de sus habitantes. Manejando el auto hacia las afueras de la ciudad, en un caos de tránsito descomunal, donde las normas parecen entregadas a la oportunidad y la voluntad de los conductores, vi barrios sacados de ciudades tercermundistas, barriadas que no se dirían de un país G-8. Y la basura, por todas partes cerros y cerros de basura.
Semanas después un amigo me contó que había recorrido Nápoles con una guía, que lo llevó a todos los lugares históricos que había que conocer. Volvió encantado, relatando una historia bastante distinta a la que yo tuve. Tal vez la ciudad tiene esa atracción, donde el dramatismo sobrecoge, donde la fealdad es tan rotunda que atrae, y donde la gente vive en los confines del caos social.