Sunday, October 21, 2007
Mediocres al poder
Qué pasaría si fuéramos ricos pero con cultura? tal vez nos daríamos cuenta de lo que está pasando, y más gente (más electores) podrían pedir lo que nos haría mejores y nos permitiría definitivamente ser más chilenos, más encontrados con nosotros mismos, en resumen más felices.
Pero no es así. Lavín sale diciendo que está justo en la mitad del oficialismo y la oposición. Y a falta de noticias más sensacionales, se levanta la polvareda de un debate artificial sobre qué diablos quiso decir con eso. El líder político más pobre de intelecto que ha tenido Chile en los últimos tiempo domina el debate público. En el reino de los ciegos el tuerto es rey. Pero qué pasa cuando ese único tuerto es miope de su ojo bueno?
Leo con horror otros ejemplos funestos de la mediocridad más total de nuestra clase dirigente y de nuestra extendida fronda aristocrática. El recorte del presupuesto a la ciencia es sólo un botón. Para el presupuesto más holgado de la historia de la República, se disminuye en un 11% la asignación a Fondecyt, y se reducen casi a la mitad las becas de doctorado. Sí se aumentan los recursos para el mal entendido ítem de "innovación", que en las cabezas de los ingenieros que administran los fondos públicos, se reduce a "innovación empresarial". O sea, el conocimiento que no sirve para exportar fruta a Estados Unidos, no nos interesa. Cómo es osada y dañina la ignorancia.
Los que se llenan la boca con concepto de país desarrollado y con frases hechas como el salto al siglo xxi, ignoran cómo hacerlo. En el Chile de hoy la distancia entre el discurso y la realidad provoca angustia entre los que miramos este teatro del absurdo desde el anonimato.
Por eso creo que en Chile abunda la mediocridad más atroz. La Antártica ha llegado a las primeras planas de los diarios en estos días y nos ha dado el ejemplo más concreto de este divorcio entre acciones y palabras. El Reino Unido amenaza con tomar iniciativas para declararse soberano sobre el subsuelo marino antártico, sobre la base de sus reclamaciones territoriales, que coinciden en buena parte con las chilenas y con las argentinas. Los políticos enfermos de frases hechas y de ideas preconcebidas, elevan sus augustas voces para decir desde Valparaiso que rechazan "de la manera más categórica" esta aspiración de los británicos, y que viajarán al continente austral "para hacer soberanía".
A mi me parece muy bien, a pesar de que es algo inútil considerando que el Tratado Antártico del año 1959 congeló las aspiraciones territoriales sobre el continente, y estableció que ninguna acción a partir de ese momento se consideraría como precedente jurídico para fortalecer una reclamación de un país sobre otro.
Por eso antes de hacer las maletas a la rápida en enfurecido sentido patriótico, yo les diría que pasen por el instituto antártico en Punta Arenas (donde no sé si han estado alguna vez) y conversen con su Director, tal vez puedan sacar un par de ideas para el futuro de la Antártica chilena. Tal vez algo que revierta la tendencia que hemos visto en los últimos años en que la actividad científica que impulsa nuestro país se hace a pesar del exiguo financiamiento estatal y no gracias a él. No son los mismos parlamentarios los que deciden cuánto dinero se invierte en esto? Chile es, por muy muy lejos, el pariente pobre de los estados reclamantes de la Antártica. Pero a nadie parece importarle mucho. Al menos hasta que en la prensa se presenta una oportunidad para ser altisonante y para ganar titulares respondiendo con actos patrioteros.
La mediocridad de nuestros políticos es lo que merecemos por ser un país inculto, que se olvidó de invertir en su propia gente. Somos prisioneros de una clase política (hombres, mujeres, izquierda, derecha) que sigue pensando que hacer cultura consiste en saltimbanquis y gente en zancos, payasos y mimos de ocasión. Como dijo Huidobro en su tiempo: Si no me diera risa, me haría llorar.
Monday, October 01, 2007
Notas para cantautores
Monday, August 06, 2007
Farewell to Cholo
Tuesday, June 26, 2007
Visita al Sur de Italia. Tercera Parte (y final).
Friday, June 01, 2007
Visita al sur de Italia. Segunda Parte
El día era luminoso, y a pesar de las indicaciones un poco confusas del tránsito en Italia, finalmente llegamos a Paestum. Uno tiene que hacer abstracción del hecho de que todos, absolutamente todos los grandes centros arqueológicos de Italia están ahora consagrados al turismo. Tienda tras tienda de souvenirs nos indicaron que ya estabamos llegando. No obstante este exceso de comercio, el lugar es sobrecogedor. Paestum se extiende sobre un terreno llano en el que crece vigorosamente un pasto corto y homogéneo, dando al lugar una sensación de pradera campestre, lejos de representar la bullante ciudad que algún día fue.
La ciudad sin embargo se aprecia bien inmediatamente cuando surgen frente a uno los templos y las columnas, extraordinariamente bien conservadas, como un rebaño dormido de enormes bestias de piedra. La majestuosidad está ahí, la imaginación no tiene que hacer ningún trabajo para darse cuenta que uno está paseando por el centro de una ciudad griega, donde el culto a los dioses ocupaba los grandes edificios, que junto a su funciòn sacra probablemente eran también el lugar predilecto de sus habitantes para celebrar y conversar, para discutir y hacer política, para lamentar las derrotas y también para sufrir los saqueos de los enemigos en momentos de desgracia y desventura.
El tiempo se nos hacía poco y no pudimos pasar al Museo que está totalmente dedicado a exponer las reliquias y hallazgos arqueológicos del lugar. Hecho este descargo, debo decir que la información que se ofrece en medio de las ruinas y templos es mínima, y uno debe apoyarse en cualquier folleto que pueda comprar en las inmediaciones para entender mejor lo que está viendo.
Dimos media vuelta en el auto y deshicimos el camino, pasando esta vez sin detenernos por Salerno. Nos habían hablado mucho de la costa amalfitana, como uno de los lugares más bellos de Italia, que no es poco decir. Y la comprobación del hecho llega rápido. Inmediatamente despúes de Salerno se llega a un lugar maravilloso que se llama Vetri Sul Mare, una pequeña plaza que como todas las construcciones de la zona parece que se ahogara en la inmensidad del mar. Uno no se puede esconder del océano en la costa amalfitana. Lo sigue a uno a todas partes, como un ojo azul que llora espuma y se queja con su oleaje tranquilo.
Lo que sigue es una serie de pueblos, cada uno más bello que el otro. Los caminos que suben por las laderas de las empinadas costas de la región parecen talladas por las olas mismas, entregándole a los hombres simplemente la tarea de construir las casas que se arremolinan en multitudes como peces en una red para ver un poco del azul del horizonte.
Agazapado detrás de una curva del camino está Amalfi. Lo que vi fue un lugar de una belleza única, con una historia riquísima, donde se pueden pasar días de vacaciones inolvidables. Pero también es como una fortaleza invadida por extraños, que sacan fotos a todo lo que se mueva o parezca antiguo, y que compran todo lo que simbolice el lugar, en su distorsionada visión de las cosas y cargando todos los lugares comunes y simplificaciones que se ven en la televisión y en las películas de Hollywood. La belleza del lugar hace olvidar todo esto y ayuda a abandonarse en la admiración de la iglesia, en la cúspide de una monumental escalinata, donde descansan los restos del Apóstol Andrés. En una inscripción en piedra en la puerta principal de acceso al pueblo, dice que en el día del juicio final, para los amalfitanos que se vayan al cielo, va a ser un día como cualquier otro. Pretencioso, aunque lo entiendo.
Lo mismo se puede decir de Positano. Leo que el lugar fue un próspero puerto hasta el siglo XVIII, pero que con posterioridad cayó en un período de decadencia del cual no se pudo recuperar nunca. A principios del siglo XX los habitantes, en su mayoría pescadores, comenzaron a emigrar debido a la pobreza por la que estaban atravesando. Muchos se fueron a Estados Unidos. Sólo a mediados de los años 1950 Positano volvió a ser un centro de actividad, gracias al turismo, que ha ido sólo en aumento. Uno de sus primeros promotores fue el escritor norteamericano John Steinbeck, que describió sus bellezas, con lo que convenció a sus coterráneos de visitarlo.
El fin de este viaje por la costa amalfitana termina en Sorrento. Sólo el nombre recuerda canciones napolitanas y a un vivir relajado. Sorrento está en la vertiente norte de la pequeña península. Lo primero que llama la atención es que todo se ve mucho más real que en todos los otros pueblitos. Aquí se ve la presencia humana, la contaminación, la basura y las personas que viven y trabajan. El centro de Sorrento es una delicia. Con plazas y castillos al borde del mar es un lugar encantador. Sin embargo, despunta rápidamente el problema: es un lugar saturado, de autos, de personas, de ruidos. Cuando estabamos saliendo, ya en camino a Nápoles y con el Vesuvio a la vista, pude ver una de las filas de autos más grandes que he visto en mi vida. Sorrento es como un remolino de agua, que atrae a todo lo que se mueve, y que sigue tragando personas aunque ya no quepan más.
Ahogado de belleza y de las multitudes, salí de la península amalfitana. El cambio fue rápido y brutal. El Vesuvio (que siempre me ha fascinado) proyecta una sombra oscura que entristece todo a su alrededor. Los carteles de la carretera (ya sin verde, sin mar, sin bellezas) ya comenzaban a indicar que otro tipo de experiencia venía por delante: Nápoles, la antigua ciudad nueva.
(continuará...)
Wednesday, May 23, 2007
Visita al Sur de Italia. Primera Parte
A la mañana siguiente partí a la universidad, y ya a la luz del día pude apreciar la belleza del emplazamiento: una larga bahía muy abierta, con una luminosidad que sólo da el mar. El ruido blanco que está en todas partes es como una presencia constante de olas, viento en los árboles y ruidos de la ciudad que no te abandona nunca, como tu sombra. Igual que los tacos (embotellamientos). El tráfico es atroz en Italia, dondequiera que se vaya.
La Universidad es muy impresionante, un gran campus en plena expansión, que construye edificios y bibliotecas, dejando grandes espacios aún inutilizados. Una pequeña ciudad que trata de ser una guía e inspiración para toda la zona. Me cuentan que los buses que entran en el campus tienen el requisito de ser de baja contaminación (llamados ecológicos). Como la población estudiantil de 45 mil alumnos son un grupo significativo de los pasajeros de los buses, esta regulación anticontaminante ha beneficiado a toda la región, estableciendo un estándar común en ella.
Salerno es una mezcla interesante de ciudad con aires medievales y centro pujante de actividad económica y cultural. Uno se puede meter entre sus callecitas donde (por suerte) no caben los autos (aunque uno no se libra de las motos), y ver la infinidad de tiendas, iglesias, palacios y cafés que se muestran en ese esplendor perezoso que es el estilo italiano.
La sesión en la Universidad fue interesante y llena de atenciones por parte de mis anfitriones. Una hospitalidad pocas veces vista y que me llenó de conversaciones amables e interesantes, y de los sabores generosos de la cocina local. Entre los asistentes internacionales al encuentro, conocí a un profesor de ingeniería turco, cuya principal afición era la guitarra clásica. A pesar de la coincidencia con mi propio hobby favorito, él exhudaba una amargura por no haber sido suficientemente valiente para abrazar el arte de la ejecución musical, dejando de lado su trabajo como académico y la seguridad que le ofrecía. Al parecer, en algunos artistas, el miedo al hambre y la pobreza es más poderoso que la inquietud musical.
Una vez terminados las labores y la visita a la magnífica universidad, quedé libre para conocer las maravillas de la zona. Como había traído mi auto, decidí cumplir un programa libre, y como era mi primera vez en la zona, partí hacia uno de los puntos más conocidos y famosos de la región: las ruinas de la ciudad de Paestum.
Monday, May 07, 2007
Music
Wednesday, May 02, 2007
Chile Primero... y luego qué?
Coffee culture
In Italy is so omnipresent that it doesn't have to do with the attitude of the person (everybody drinks coffee here), but it is a way chaos and different personalities are expressed. Every person has its own favourite way of having a coffee. Variations are the quantity of water (less is a ristretto, more is called "americano", and considered unworthy of the name "coffee" for 99% of Italians), the presence or absence of milk (macchiato, caffelatte, etc.), the amount of coffee shots (doppio, etc.), and even the cup it is served in: tazza (cup), tazza grande (big cup), vetro (glass). Me, for example, I started off having a caffelatte (one shot of coffee with milk), and evolved into less milk with a simple macchiato. Italy is like that: all Italians do things differently from one another, and agree to be one single people talking and arguing about how the rest of the country is crazy by being different.
In Chile coffee is just an argument to bring people together, under the strangest circumstances. Coffee in Chile is absolutely awful. It doesn't taste well, and only until recently it was the most common thing to find instant coffee even in upmarket restaurants. So, it is not surprising that what is important about coffee is not coffee itself, but the surrounding scenario. Probably the most cultural thing about coffee in Chile is the "coffee with legs". I visited a couple of times these places, for the sake of curiosity (true). It is a mise - en - scene that it is quite outrageous, very close to bad taste. Especially because many people (men) go to have morning coffee. Once I was walking by one of these coffe with legs places and there was a girl at the door inviting passers-by to go in, saying "today we have painted bodies". We didn't go in, just in case.
The strangest thing for me is that even I think of coffee when I want to relax and have a break, even though sometimes if I am honest to myself, I don't really feel like having a cup of the black liquid. Maybe it has finally penetrated my own brain connections and convince me that there is so much more than just a fine-smelling drink, and that its cultural, sexy appeal is more than just an invention.
Monday, April 23, 2007
Roma al trote
El sábado y domingo recién pasados tuve esa experiencia. El sábado hice mi trote rutinario, sali de mi casa y crucé por las Catacumbas de San Calixto. La colina donde están situadas está cubierta por un parque realmente bello, con caminos flanqueados por abetos y vegetación que es tan propia de Italia. Si bien es bastante corto (1,5 km) se pasa entre edificios antiguos, ruinas, prados (incluyendo rebaños de ovejas pastando) y también... muchos turistas. Luego cruzando la calle, y siempre en mi circuito de trote, se entra por un pequeño pasaje al parque de la Cafarella. Un estrecho pasaje de tierra húmeda rodeada de árboles y de extensiones de verde (con sus ovejas infaltables, que son casi una visión bíblica), con una naturaleza que hace olvidar que estoy a sólo 20 minutos de la urbe que por siglos fue la capital del mundo.
Si el trote se hace demasiado pesado, siempre hay tiempo para ver las ruinas arqueológicas. Las tumbas circulares y las ruinas abandonadas por los siglos dan un ambiente único al lugar, y me hace siempre querer volver. Al fondo del Parque se repite el paisaje bucólico, aunque esta vez con menos turistas y mucha más gente local que hace su paseo dominical en familia.
El domingo repetí la experiencia. Esta vez probé la ruta de la Via Appia Antica. Yo sabía que la cerraban los domingo, dedicándola exclusivamente a los peatones. Pero nunca había ido, y la verdad es que es un lugar increible. El último punto de circulación de vehículos es la Tumba de Cecilia Metella, una construcción circular que es en sí misma una maravilla, y que (siendo muy honesto) sería la atracción estrella de cualquier lugar en Chile. En Roma hay tanto que ver y conocer que es sólo una más. Una vez pasado el mausoleo, empieza la Via Appia. No digo el lugar donde una vez estuvo la Via Appia. Es LA Via Appia. La misma que usaron por cientos de años los romanos y los extranjeros que llegaban o salían de la capital imperial. Las mismas piedras irregulares a modo de adoquines, los mismos arbustos laterales, interrumpidos por túmulos funerarios de nobles que quisieron usar esta vía de acceso a la ciudad eterna para eternizar también la memoria de sus difuntos.
En este punto, el trote sigue bastante distraido por la conciencia de estar en un lugar que no ha cambiado casi nada en dos mil años. Además, la Vía Appia está en medio de un parque, por lo que el entorno es sobrecogedor por su silencio y porque el resultado de tanto esfuerzo de conservación es la sensación de retroceder miles de años en un segundo.
Así, es fácil entrenar. Me quedan varios meses para la Maratón de Firenze y creo que no me van a faltar lugares para trotar y maravillarme por la belleza de esta ciudad.
Friday, April 20, 2007
Mitología italiana
Y como siempre ocurre, prejuicios (positivos y negativos) que se podrían haber tenido empiezan a confirmarse o a desmentirse. Italia despierta una serie de estas percepciones a priori. Quiero enumerar a continuación las falsas ideas preconcebidas que en general tienen las personas que no han vivido en Italia:
1. Se come bien, pero no es el paraíso culinario del que todos hablan. Es cierto, descubrir cosas como las alcachofas a la judía, los capelletti al brodo, las pastas al cacio e pepe, etc., son delicias que hay que disfrutar. Sin embargo, la cocina italiana es tan expansiva y los italianos la valoran tanto que no deja espacio para nada más. Yo echo de menos la comida hindú, la buena comida japonesa, para qué decir del pan, que aquí aún no lo hacen bien. Parte de esto puede ser una cosa de gustos, pero es cierto que a menos que se haga un esfuerzo consciente (y se gaste un poco más de plata), la cocina italiana se vuelve monótona rápidamente.
2. La gente no es particularmente bella. O será que el tipo físico masculino italiano es el llamativo? porque las mujeres me parecen normales, bellas en muchos casos pero apenas sobre el promedio en cuanto a la cantidad de lo que se ve en la calle.
3. En más de un caso, esto está lejos de ser primer mundo. Yo vengo de un país del tercer mundo. Por mucho que se hable de nuestro desarrollo económico, los chilenos sabemos de nuestras limitaciones y de lo difícil que es la vida para la mayor parte de nuestros compatriotas. Sin embargo, cosas que he visto aquí, como la atención en los hospitales, los trámites eternos que hay que hacer para todo, los servicios bancarios, son tremendamente deficientes, mucho más que en mi propio y querido país tercermundista.
4. Los automovilistas romanos no son más agresivos que los de cualquier otra ciudad. Al contrario, muy rara vez se toca la bocina, y los autos se abren paso en el tráfico entre una actitud decidida pero también respetuosa. Es cierto que las normas del tránsito son más un marco referencial que una norma respetada en todos los casos, pero en general prima un código de conducta no escrito y que hace que la ciudad se mueva sin bocinazos y con una baja agresividad, aunque lentamente.
5. Roma no es desordenada ni sucia. En la misma lógica de lo anterior, todo el mundo sabe el límite de lo tolerable. Estacionarse en segunda fila? está bien siempre y cuando haya espacio suficiente para que los autos sigan pasando por la calle. Las direcciones funcionan, los horarios de atención son risibles (clásico es el que dice: atendemos lunes, martes y jueves 9am-1pm, miércoles 2pm-4pm, viernes cerrado), pero funcionan. Alguien me dijo hace poco: Italia es como un elefante. Es grande y lento, pero camina. Hasta ahora le encuentro toda la razón.
Monday, February 05, 2007
Sono arrivato!
Llegué a Roma de noche. El vuelo me llevaba a través de Madrid, donde tuve que parar para hacer escala. La oportunidad propicia para conocer además las nuevas instalaciones del aeropuerto de Barajas, que es como una ciudad en sí misma. Me pregunto si esa arquitectura va a ser finalmente la que domine las ciudades del futuro, donde hay servicios, pasillos y todo a la mano. Bastaría con agregarle un sistema de habitación y tendríamos una ciudad de ciencia ficción.
Consecuentemente la llegada a Roma fue la antítesis de la ciencia ficción. En Roma se ve por todas partes las evidencias de un pasado glorioso, de una capital universal que en su apogeo y decadencia representó todo lo mejor y lo peor del ser humano. Sin embargo, luego de todo este devenir y vagabundear por los siglos y los estilos arquitectónicos, el resultado no es un traje de arlequín chabacano, sino una ciudad de evidente belleza, que impresiona a cada esquina. Cada cuadra es una postal. Lo antiguo es valorado porque es bello, y los italianos están muy conscientes de eso.
Mis primeras semanas en Roma las hice quedándome en una residencia en la Via di Ripetta, que es una de las calles que desemboca en la Piazza del Popolo, donde los gobernantes electos salen a saludar a las multitudes y donde la ciudad se encuentra a sí misma. Todos los días en la mañana caminé a la oficina. Treinta minutos de una caminata plagada de hitos historicos y turísticos. Salía de la ya mencionada via di Ripetta y caminaba por entre callejones de adoquines y paredes vetustas, hasta salir por la via del Babuino a la Villa Borghese, un parque lleno de museos y cosas que hacer, realmente hermoso.
Me pasa algo extraño con Roma. Me doy cuenta de que tal vez en todo el tiempo que esté aquí no voy a alcanzar a conocer todo lo que se puede ver y hacer en la ciudad. Y yo quería (y quiero) viajar por Italia, tratar de conocer la mayor cantidad de lugares y más allá, conocer Europa y visitar la mayor cantidad de países posibles. La vida realmente es demasiado corta para los que quieren conocer el mundo, aunque sea de vista. Por eso me parece tan interesante la vida de los viajeros, sobre todo los de esa época en que el mundo no se conocía por las noticias, ni por internet, ni por televisión. Porque todo es subjetivo, pero tiene precisamente ese valor, que es la visión de una persona, que se ve enfrentada a un país, un idioma y una cultura que le son mayoritariamente ajenas, y que tiene el interés por describirla.
Probablemente a eso me voy a dedicar con este blog durante los próximos cinco años, empezando por cosas tan agradables como la comida y el vino, tópicos de los que es necesario aprender en Italia. Pero como dije al comienzo, hay demasiados temas de los que me gustaría escribir. Lo dejo para la próxima.
Tuesday, January 16, 2007
Comuna ciudad
Tuesday, December 26, 2006
Partir es vivir un poco
Hay que creer en los ciclos. Las cosas nacen, se desarrollan y van muriendo poco a poco. La vida es así. Me acuerdo de la bellísima película Princess Mononoke, en donde el Espíritu del Bosque está encarnado en un alce con rostro humano y mirada fija. Él encarna la vida, el poder de darla y de quitarla. No hay una sin la otra. Entonces, su presencia es tan grandiosa que a cada paso que da, el suelo bajo su huella da luz a pasto y flores, que en un segundo nacen, crecen y mueren. La vida de las cosas tiene en sí misma el sello de su muerte, y el del renacimiento bajo otra forma.
A riesgo de sonar hinduísta, nada de lo que muere se pierde. Si una etapa me marcó a fuego, puedo quemar todas mis naves con ese mismo poder que abrasa. Pero la memoria no deja de existir. Graba las inscripciones de lo vivido más allá de lo que uno quisiera tolerar. Los recuerdos se le suben a los hombros a uno como niños malcriados, como ropajes insostenibles. Y llega un momento en que toca renovarse, volver a tener el espacio para hacer otros recuerdos que lo pongan a uno de nuevo cara a cara con uno mismo.
A fines de enero parto a Italia, país que me va a acoger por algunos años. Para mi es una especie de viaje al pasado, considerando que en mi sangre hay rastros que huelen a esas tierras, aunque la mia sea otra, más meridional, más tímida, más pobre y orgullosa. La identidad de la sangre es algo que finalmente hay que aceptar como uno acepta los gestos y forma de caminar que no puede ocultar, que lo acompañan a uno a donde vaya, como mi propia sombra. Una presencia pasiva que no se cansa de gritarte en el espejo que hay deudas que no se pueden pagar, sino aceptando lo que uno es, huesos y alma.
Yo estoy contento de pensar que en mi vida he cruzado varios ríos Rubicón, y que me esperan otros más aún. Es más, creo que no podría vivir en esta piel si no los buscara activamente. Lo que a algunos es un signo de inseguridad, para mi es todo lo contrario. Quiero tener la seguridad de conocer más cosas, de poner a prueba mi capacidad para entender otro lugar, de ampliar las ventanas de mi comprensión. Borges decía que uno conoce otra gente y otros lugares, y que el valor que ello tiene consiste en que se transforman en espejos que reflejan la condición humana y que finalmente le permiten a uno conocerse mejor a sí mismo.
Quiero atesorar todo lo que soy, quiero recordar siempre que desde la roca de mi identidad miro serpentear los ríos que me esperan, las batallas que debo librar, los placeres que me aguardan agazapados como fieras dóciles. Y con esa fortaleza robarle al mundo otra tajada de sus misterios.
Navidad
Y para empezar, no sé si llamarlo depresión. Es una sensación más bien como de angustia, de sin razón. A medida que se acerca la última semana del año empieza una catarsis colectiva en la que todo el mundo comienza a comportarse de una forma determinada, repitiendo exactamente lo del año anterior, sin detenerse a pensar en los motivos que llevan a ello. Y lo que es más grave aún: sin pensar siquiera en si hay alguna alternativa al frenesí navideño.
Puede una persona con lazos familiares y de amistad más o menos normales, abstraerse de entrar en la espiral de regalos y saludos de navidad? La respuesta es evidentemente negativa, ya que la ausencia de los detalles mínimos de preocupación dadivosa por el otro es sinónimo de despreocupación y puede llevar al exilio social. Para aquellos como quien escribe, que gozan del contacto con otras personas, es un costo demasiado alto.
Entonces no hay alternativa. No hay más remedio que asumir la condición de ser social y comprar regalos, saludar a todos y participar del rito. Hasta ahora he logrado plantar una bandera de independencia en mi negativa a enviar tarjetas de navidad, que en las actuales circunstancias no es poco. La angustia causada por la inevitabilidad del rito social no buscado tiene al menos algunos bálsamos aliviadores.
Pero estamos en el frenesí. Y como las personas tienen la antiquísima costumbre de siempre justificar sus actos por un bien o una idea superior, en este caso la navidad se arropa con una serie de frases hechas que en la mañana del 26 de diciembre ya se han archivado para el año siguiente. "El verdadero sentido de la Navidad", "compartir con los seres queridos", "noche de paz y amor" son el leit motiv de estas fechas, y la gente y las empresas de publicidad, y las grandes multitiendas las repiten hasta el cansancio hasta finalmente convertirlas en una moneda gastada, que de tanto ser usada ya se ha borrado de su faz toda inscripción y contenido. Y en medio de este concierto extraño, la Iglesia Católica trata de pasar su discurso, aunque ya pocos la escuchen, como el dueño de casa que se ve sobrepasado por invitados revoltosos e incómodos.
Pero todo esto, que es en sí mismo un poco deprimente, no es la razón más importante para explicar por qué la Navidad me entristece.
Este año 2006 he estado pensando bastante en esto. Y la conclusión a la que he llegado es que con todos sus discursos más bien vacíos de contenido, las navidades tratan de forma superficial los sentimientos que uno tiene hacia otras personas. Y de paso trata de medirlo en la forma de saludos, regalos, etc. Y en este mundo, tal como está, siempre queda la sensación de nada es suficiente, porque los sentimientos son siempre mucho, pero mucho mayores y más complejos que lo que se puede expresar en un día y a través de un regalo (o muchos regalos). Al final es una bacanal de personas que al final de un año estresante tienen que volcarse a las calles a comprar regalos de una manera frenética, por puro compromiso social, ausente de toda su significación religiosa original. Todos chantajeados por un discurso de poca monta sobre la amistad y el amor. Como si un regalo caro pudiera hacernos sentir mejor para expresar un sentimiento. Nada de eso es suficiente. Es como tratar de hablar bajo el agua, como tomar sopa con un tenedor, como tapar el dedo con un sol, como (para ponerme más bíblico) vaciar el mar con un balde. Simplemente no es la forma de asumir todas las cosas que se supone la navidad "realmente significa".
Por eso, como alguien que se ve negativamente afectado por estas fechas fastas, quiero proponer algo que deje felices a todos. Eliminemos definitivamente y para siempre la navidad de los calendarios. Que el 25 de Diciembre pase a ser un día totalmente normal. A cambio de eso, propongo una mini-navidad todos los meses del año, digamos el primer domingo de cada mes. En esta nueva tradición, las personas se reúnen con sus familias y seres queridos y comparten tiempo juntos. Los regalos son totalmente opcionales. De hecho pueden comprarse regalos cuando quieran, sin importar la fecha. Y expresar sus sentimientos cuando quieran, sin recurrir a lugares comunes ni a tarjetas de navidad redactadas de forma industrial. Expresar lo que es específico a cada persona, sin cursilerías. Predicando con el ejemplo y no con conductas autómatas de sociedad cansada e incapaz de mirarse a si misma.
Sería demasiado bueno, tan bueno que hasta creo que ya me siento menos deprimido...
Friday, October 20, 2006
El que mucho abarca... no puede ser feliz!
Hace más o menos dos semanas atrás, tuve lo que un amigo mío llama una "epifanía", un momento de revelación. Era un viernes. Mi estado de ánimo era realmente bajo, y no sabía explicarme por qué. Yo pensaba que no había razones para estar tan decaído, pero tenía una tristeza que me apretaba el pecho y una desesperanza que me empujaba hacia oscuras percepciones de la realidad.
Entonces, en ese histórico viernes, me di cuenta de todo lo que me estaba pasando. Me puse a pensar en todas las cosas que estaba haciendo, que responden a una lista de cosas que me gustan y que por lo tanto, en teoría, contribuyen a mi felicidad. La lista de actividades, además del trabajo, era más o menos como sigue:
1. Entrenamiento para la media maratón de Viña.
2. Ensayo con el grupo de rock de los 70s los domingo
3. Estudio de alemán dos veces a la semana.
4. Estudio de guitarra clásica (más o menos todos los días).
5. Fútbol martes y sábados.
6. Organización de reuniones del grupo de lectura
7. Mantención de este nunca bien ponderado blog.
Iba a seguir, cuando me di cuenta de que (al menos para mi) la lista era inhumanamente larga! me di cuenta de repente que estaba haciendo un montón de cosas, y que quería hacer bien cada una de ellas. En efecto, son cosas que me encantan, todas por separado, pero comprendí que hacerlas todas a la vez es absurdo y, más aún, totalmente contraproducente para alguien que hace ya un tiempo decidió que la vida es demasiado corta para pasarlo mal.
Entonces, qué conclusión saqué? que tengo que descomprimirme en mi agenda de "cosas que me gustan", porque de mucho hacerlas, llegué a un estado en que el ánimo se me venía al suelo y ya no me podía levantar.
Pero qué podía hacer? para una persona que siente angustia al prender la televisión (por considerarlo una pérdida de tiempo), no es fácil abandonar proyectos como los enumerados. Sin embargo, traté de pensar cómo era yo antes, y recordé el placer de las tardes de ocio en mi juventud universitaria, después de las pruebas y exámenes, haciendo nada, vegetando frente a la televisión, cayendo en una modorra de colores planos, de paz y silencio, sin problemas que resolver, sin desafíos que encarar.
Así que eso fue lo que hice. Después de la pega, en vez de desesperarme por hacer todas las cosas que me correspondía, hice sólo lo que me daba gana. Y si no quería no hacía nada. Por eso, todos los proyectos de entradas a este blog aún duermen el sueño de los justos. Escribí algo sobre el 5 de octubre y lo importante que fue el plebiscito del 88 en mi vida, pero ahí está, a medio escribir. Tal vez lo publique más adelante. Pero por ahora me conformo con este momento de "desintoxicación", y sentirme contento de que cada mañana tengo más energías, me río más y vengo a trabajar con más ganas.
Nada vuelve a ser como fue, pero tal vez algún día recupere eso que una vez tuve, la inocencia y la capacidad lúdica del que todo lo espera. Como cuando con mis amigos de la universidad me juntaba y caíamos en discusiones eternas sobre nuestro tiempo, y nos prometíamos a nosotros mismos las glorias del mundo, pasando como en un mismo territorio desde lo académico a la poesía y a la conversación sin objetivo, a lo absurdo como expresión estética y feliz de un universo que aceptabamos por lo que era: caótico, sorprendente, hermoso. Cuando, en fin, entonábamos a voz en cuello los versos de Parra: "Viva la Cordillera de los Andes!, muera la Cordillera de la Costa!". Cuando no necesitaba listas de cosas para sentirme bien, cuando vivía sin pensar y todo, todo tenía sentido.
Tuesday, October 10, 2006
Faithless
Tuesday, October 03, 2006
Luces y sombras del presupuesto
Los días previos ya se había generado un debate, que una vez más desilusionó por lo pobre: o bien eran ideas aisladas y un poco excéntricas (partiendo por lo dicho por la Ministra de Defensa de dar créditos blandos a Haití) o bien se centraban simplemente en un tema de cuánto se va a gastar, como si la pregunta de en qué ya estuviera resuelta.
Aparentemente ya estaba resuelta. La cuenta de Velasco fue contundente y magnífica. Magnífica en el más profundo sentido de la palabra. Magnas cifras, magnos aumentos porcentuales, magnas palabras. Quiso dar una sensación de que arriba había gente que estaba muy segura de lo que estaban haciendo, y lo consiguió.
Primero parto por las luces. No podría estar más de acuerdo en lo obvio del presupuesto: el tremendo gasto social es lo que había que hacer. No hay muchos misterios en eso. Nadie podría dudar que en un país como Chile, donde la desigualdad en la distribución del ingreso es atroz, hay que tomar medidas urgentes para hacer un poco de justicia y no conformarse con reducir la pobreza, sino que hacer que el trabajo sea efectivamente fuente de bienestar y no sólo de subsistencia como es ahora.
Pero todo lo demás guatea. Y no es por ser negativo, pero el presupuesto está empapado del mal mayor del gobierno: la falta de una dirección, la ausencia de un "espíritu" que guíe las acciones del país, y que marque una ruta original, que refleje una visión del país que se quiere.
Las palabras de Velasco son interesantes: compara la situación actual con la época del despilfarro del salitre, a comienzos del siglo XX. En esa época, como dice el Ministro, se construyeron palacios, nos disfrazamos de algo que no éramos, y nuestra aristocracia de tonos menores se fue de shopping a París pensando que bastaba con oler a perfume francés para ser europeo. Todo en el momento más trágico de la cuestión social, con una miseria que era varias veces más terrible y profunda que la de ahora.
El Ministro dice que hoy, por fin, vemos la luz al final del túnel del subdesarrollo. Que depende de nosotros salir de este estado que ha sido nuestra condición histórica y convertirnos en país desarrollado, codeándonos con los grandes del sistema internacional. La diferencia con la época del salitre, entonces, no son los objetivos. Todavía queremos parecer europeos. Lo distinto es que hoy tenemos más plata aún y estamos dispuestos a invertir en serio para hacerlo.
Ser potencia agroalimentaria, exportar salmones y madera, ser potencia minera, son objetivos que ya están. Un gobierno debiera ser capaz de tomar lo que ya existe y darles un sentido de unidad, demostrar que están ahí para liderar una sociedad hacia un nuevo nivel de desarrollo en que no sólo valen las mediciones de ingreso per cápita y la capacidad de inversión.
Se gasta en lo social, y está muy bien. Se sabe construir casas, y cada vez mejor. Hay más y mejores hospitales, y está muy bien. Se invierte en educación, que es muy positivo y necesario. Pero el panorama empieza a oscurecer cuando llegamos a temas nuevos donde se requiere de una propuesta audaz, como la innovación, por ejemplo. Da la sensación de que el gobierno arroja recursos a un área que reconoce como importante, pero donde no sabe muy bien a dónde dirigir. Confiado de que aumentando la asignación de fondos a CONICYT se produzca más y mejor ciencia, como por arte de magia.
Donde está en este presupuesto el compromiso y la deuda social de Chile con sus poblaciones indígenas? Dónde están los planes de innovación energética? dónde está el medio ambiente, que es central para el desarrollo del país? que tipo de sociedad quiere el gobierno para el país? No basta con decir "queremos una sociedad más justa, más solidaria, más democrática, más participativa". Eso es poesía. Cuál es la estrategia del gobierno para desarrollar a Chile?
Al final de la cuenta de Velasco queda la sensación de que el gobierno sabe sumar y restar, pero que no tiene imaginación. Que ha tenido una suerte envidiable al encontrarse con una bonanza del precio del cobre nunca antes vista, pero que no ha sido capaz de pensar en grande y lanzar un gran proyecto país equivalente. Mucha plata, gastada de forma conservadora, sobre la base de pocas ideas.
Por eso, al final de su discurso soy yo el que esbozo una sonrisa irónica cuando el Ministro dice: "no sólo vamos a gastar más, vamos a gastar bien". Confiemos en la buena fe y en la suerte del Ministro.
Tuesday, September 12, 2006
Historias de taxi
Por suerte lo dejó bajo. Suficiente para sostener una conversación. Pero yo no veía qué podíamos tener en común él y yo, un tipo mucho más joven que yo, taxista, amante de los ritmos tropicales. No se me ocurría qué tema podíamos abordar. Con gran naturalidad y espontaneidad, despejó mi duda. Luego de un par de cuadras, levantó los ojos y por el espejo retrovisor me preguntó:
"Le gustan los perros?"
Sin saber bien a dónde se dirigía la pregunta, le respondí que sí, que había tenido un par de perros cuando niño y que en general tenía cierta afinidad con los canes, a pesar de que en mi vida adulta había desarrollado mucha más cercanía con los felinos.
Sin prestar atención a mis introspectivos comentarios, el taxista abrió la guantera y sacó un papel y sin dejar de mirar el camino, me lo pasó por entre los asientos delanteros.
"Éste es mi campeón", me dijo. "Me llamaron para que lo cruzara. Me ofrecían 50 lucas por cruzarlo con una perrita". Vi los ojos del taxista cuando los levantó para mirarme de nuevo por el espejo. Tenían una mezcla de soberbia juvenil y felicidad de encontrar a alguien que escuchara sus historias. "Yo le dije que nunca menos de 100 mil. Este perro es fuera de serie".
Yo sabía que si abría la boca y seguía la conversación, no habría forma de parar el entusiasmo de mi conductor. Con un poco de temor, y consciente de que en cualquier caso la carrera no era tan larga, le pregunté por la raza de su perro.
"Es un pitbull", dijo con orgullo. "Pero es una variedad, más flaco, más liviano, aunque súper musculoso. El perro vuela".
Friday, September 08, 2006
De nuevo la pastillita?
Probablemente esto es un poco exagerado, tiendo a desconfiar de las tesis tan rebuzcadas o donde hay una conspiración masiva y espectacular. Todo el discurso de los curas en contra del aborto sólo para cobrar más por las adopciones? es un poco inverosímil para mi gusto.
Sin embargo, debo reconocer que me hizo pensar en esa vieja linea de razonamiento en que uno se preguntaba qué lugar le cabría a la iglesia católica en un mundo sin pobreza, sin enfermedades, sin ignorancia. Tendrían la misma utilidad los curas en la población, cuando ésta sea educada y próspera? cuando ya no haya niños abandonados, cuando los viejos tengan un trato digno, cuando se acabe la pobreza y la marginalidad?
Tal vez sirva un par de ejemplos de países desarrollados que en buena parte han superado estos problemas: pienso en Nueva Zelandia, donde desde un comienzo la naturaleza exuberante y la mentalidad trabajadora de los colonos les imprimió una vida esforzada de trabajo y sacrificios, pero no de hambre o marginalidad. Una sociedad abierta, donde hay libertad de pensamiento y donde no hay pobreza o indigencia, y que tiene una bajísima presencia de las iglesias como actores relevantes de la vida nacional. En un país así asisten a misa sólo aquellos que por opción personal, buscan los ritos y cultos, de rezos y ostias. Los curas se limitan a dar su opinión sobre temas morales dentro de las iglesias. Sus opiniones no pasan la puerta del templo.